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jueves, 14 de marzo de 2013

El Papa Paco

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Por fin ayer tras un cónclave rápido salió elegido el nuevo Sumo Pontífice, rompiendo todas las quinielas que había en torno al nuevo Papa, fue designado el argentino Jorge Mario Bergoglio. Lo que más me ha fascinado ha sido el nombre que ha elegido: FRANCISCO, no podría ser el nombre mejor del nuevo Papa, que ha decidido apelarse de esa manera por primera vez en la historia desde que San Pedro adquiriera el nombre que le dio la piedra sobre la que edificó la Iglesia encomendada por Cristo. Hace el número 266 en la lista de Papas que han construido la historia de la Iglesia. No ha querido heredar ningún otro nombre de sus antecesores: ni Juan, ni Gregorio, ni Clemente, ni Pío, ni León, ni Benedicto, ni Alejandro, ni Inocencio, ni Pablo, ni Urbano, ni Julio, ni Calixto, ni Bonifacio, ni Nicolás, ni Pedro; ha elegido un nombre sencillo a imitación de grandes santos como Francisco de Asis o Francisco Javier.
Es un nombre que en poco difiere la fonética de su pronunciación en las diferentes lenguas, puede ser Frank, o Francis, o Francesco, o Francisco; de esta manera cuando lo llamemos habrá unidad en todas las voces, por algo se empieza.
Sin embargo en nuestra lengua, que es la suya, será el Papa Paco que es el hipocorístico  (a San Francisco de Asis se le conocía como “Pater Comunitatis” al fundar la orden de los franciscanos, de ahí Paco) con el que se conocen familiarmente a todos los Franciscos. Eso nos dará mayor proximidad a un Papa que además habla nuestra misma lengua, pues eso, será el Papa Paco y para los andaluces seguramente será el Papa Curro.
Esperemos que la sencillez de su nombre refleje también la sencillez y humildad de una persona que acaba de tomar el timón de un gran barco que es la Iglesia. Que sepa acercarse a los pobres y se enfrente con valor y decisión a todos los problemas que hay dentro de la Iglesia a fin de sanearla y hacer que los creyentes vuelvan a confiar en quienes la dirigen.
¡Mucha suerte y salud al nuevo Papa Paco! 

lunes, 22 de noviembre de 2010

El silencio

Por Ángeles Álvarez Moralejo

El silencio es el recurso que más refleja la economía lingüística. Muchas son las situaciones en que esta actitud comunica más que toda la verborrea que podamos expresar con palabras. Ya lo dijo Diógenes “Callado es como se aprende a oír, oyendo es como se aprende a hablar, y hablando se aprende a callar”.

Bien es verdad que el tema del silencio va asociado a las diferentes culturas y dependiendo de cada una de ellas, tiene un significado diferente. En español, el dicho “El que calla, otorga” no podríamos aplicárselo, por ejemplo, a los japoneses; ya que si ellos callan no están aceptando tu respuesta necesariamente, sino que lo que están haciendo durante el tiempo que dura ese silencio es procesar tu propuesta a fin de que algo o alguien misterioso y superior le infunda cierta respuesta. Hasta entonces jamás sabrás si están de acuerdo o en desacuerdo. Por lo tanto en el silencio nipón puede haber aprobación o rechazo, pero nunca lo sabrás, excepto que necesites una respuesta activa e inmediata del tipo que sea.

Cuando somos niños una de las cosas que primero nos enseñan nuestras madres es aplicar aquello de que “en boca cerrada no entran moscas”, para contener los impulsos verbales de los niños que parlotean sin sentido y en situaciones inadecuadas, así aprendemos a hacer comentarios cuando realmente es relevante.

Últimamente cuando me topo con debates estúpidos de esos que abundan en algunos de los canales de TV observo que los que más hablan y gritan son los que menos información nos dan, es decir, los más ignorantes, a veces parece como si se escucharan a sí mismos, sintiéndose orgullosos de la demagogia que sueltan; sin embargo no transmiten nada. En cambio, cuando tenemos la suerte de escuchar a alguien con recursos culturales suficientes, es un placer para nuestros oídos escuchar su disertación, con el aplomo que lo hace, sin gritar, y nos damos cuenta de que con muy pocos enunciados nos informa de todo aquello que piensa y que nos interesa escuchar.

Mi padre, a pesar de no ser un hombre culto (debido a la época que le tocó vivir en plena meseta castellana), siempre nos decía que “no hay cosa más atrevida que la ignorancia”.

Pienso que en el silencio prudente está la bondad, la generosidad y la honradez. Hablar por hablar es tontería (como diría uno de nuestros actores cómicos); debemos hablar cuando realmente tengamos algo que transmitir, ser como la radio que siempre está callada excepto que la encendamos para enterarnos de noticias; de lo contrario debemos observar y callar. Ya lo dijo Martin Luther King “Lo que realmente me preocupa no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos”. Con el silencio podemos criticar, aprobar, rechazar, construir, discutir, debatir… mucho más que con el uso de miles de palabras enlazadas en frases inútiles y carentes de información. Quizás la clave esté, por lo tanto, en el silencio de los japoneses. Entre ellos no hay lugar a duda cuando lo practican, la incomprensión de ese silencio se origina en los que pertenecemos a la cultura del ruido.

lunes, 14 de junio de 2010

Elogio a la poesía

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Tengo que reconocer que, aunque me apasiona la poesía, debería asumir, como hizo Cervantes en su momento, su sentencia: “Me gustaría tener de poeta la gracia que no quiso darme el cielo”. Cervantes lo expresó con la impotencia de convivir con el Fénix de los Ingenios, Lope de Vega, que fue capaz de escribir diariamente más de 300 versos, ¿ripios? Fuera lo que fuera, fue el más grande en su época y reconocido en vida como pocos lo consiguieron.


Pues bien, en este país que ha dado y continúa dando grandes poetas en todas las épocas, no sería fácil, para una ilusa como yo, ponerme a su altura ni siquiera en los ripios, pues no le llegaría ni a los calcañales; sin embargo, como estamos en una sociedad libre, todos tenemos derecho a hacer nuestros pinitos en todo, eso es humanismo: no debemos dejarnos vencer por nada y tenemos que atrevernos a todo, sólo de esa forma seremos más libres, pues el saber, libera y la ignorancia, esclaviza. Este pensamiento me lo enseñó mi apreciado profesor de literatura en mi época de estudiante en la Universidad de Salamanca, D. Víctor García de la Concha, quien se atrevió, siendo un intelectual, a interpretar el papel de Arzobispo de Toledo en la serie que produjo Televisión Española de Santa Teresa de Jesús, allá por los años 80. No sólo fue guionista de la serie sino que se atrevió a vestir los ropajes y la mitra de arzobispo, claro que para él no debió de ser demasiado difícil, puesto que ya había vestido hábitos. Se ha ido superando a lo largo de su vida, ya lo creo, y pienso que ha sido por ese carácter humanista que tanto insistía en transmitir a todos sus alumnos en la clase, por lo que ha llegado a ser el Director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE). ¿Puede alguien de este campo aspirar a algo más alto? Yo no aspiro a tanto, pero no dejo de reconocer que admiro a ese tipo de gente y me siento orgullosa de haber tenido a personas como él en mi formación académica, que en definitiva, es la formación humana.


Pero volvamos al tema que nos ocupa: la poesía. Ya desde los Cantares de Gesta y sus hijos los Romances, hasta la poesía desnuda de los poetas del 27, siempre he sentido fascinación por este tipo de literatura, pues me parece increíble contar tanto y expresar tantos sentimientos con tan pocas palabras y de una manera tan lírica, y que produzca el milagro de ser tan atemporal y universal, en el sentido de que todo el mundo se puede identificar con lo que escribe un poeta como algo personal. Podríamos decir que la poesía condensa toda la economía lingüística en el mundo de la expresión.


Por lo tanto y con permiso de todos los grandes maestros de la poesía, con toda la humildad del mundo y siendo consciente de que a nadie le podría hacer competencia, ahí va uno de mis poemas:





¿Es la complicidad de tu mirada

o son tus gestos?

¿Es el dulce aroma de tu cuerpo

o son tus besos?


¿Qué es lo que me taladra tan dentro?



Aire, viento,

aura, silencio,tiempo,

mar, vuelo,

orilla,

horizonte…


¿Qué es lo que me impide tener tu aliento?



¡Tan lejos en la distancia

y tan cerca en el recuerdo!

Para salir del cenegal

en que me encuentro,

no deseo que nuestras almas

se anuden en el viento,

sino que nuestros cuerpos

se unan sin recelo,

y que formen una esencia

etérea, intangible y perfecta

donde nadie pueda vernos.

(Ausencia)


martes, 24 de noviembre de 2009

Construcción inglesa

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Qué es la construcción inglesa? A primera vista podríamos pensar en que se trata de algo relacionado con la arquitectura o la ingeniería y se nos dibuja en nuestra mente bien la casa del Primer Ministro inglés, tantas veces vista en nuestras noticias, o bien el edificio del parlamento con su Big-Ben apuntando al cielo entre la perpetua niebla londinense. Pues no, en este caso se trata de algo totalmente lingüístico. No entiendo a quién se le ocurriría llamar a la estructura de la que voy a tratar en este artículo con semejante nombre, supongo que tenía un mal día, que a todos nos pasa, pero fuera quien fuera, no estuvo demasiado acertado en la acepción. ¿Qué pasa? ¿Qué el inglés está por encima de nuestra lengua y por eso lo imitamos continuamente? La realidad nos dice que es así. Probablemente debido a la gran influencia que tiene en los países latinoamericanos, donde el “spanglish” es ya una realidad. Sin embargo, si son muchos más hispanohablantes los que extienden este tipo de recursos, podría ser el español el que influyera más en el inglés y no al contrario. Tampoco podemos olvidar que nuestros académicos, afortunadamente, son bastantes conservadores con este tipo de cuestiones y aquello de que “Limpia, fija y da esplendor” lo llevan a rajatabla, porque de lo contrario, nuestra lengua estaría en un claro peligro.
Bien, vayamos a la estructura que nos interesa. Se trata de un fenómeno de economía lingüística claramente, pues simplificamos la estructura para dar el mismo contenido con menos desgaste.
Pongamos ejemplos:
a) Me prohibieron salir de noche
b) Nos llamaron para hablar del asunto

En el caso de a) se trata de una oración sustantiva, en la que el sujeto entre el V1 y el V2 es diferente, por lo que, según la regla de nuestro admirado Nebrija, deberíamos decir “Me prohibieron que saliera de noche”. Sin embargo al usar el pronombre “me” delante del V1, que nos señala el sujeto “yo” del V2, podemos hacer uso de la construcción inglesa.
En el caso de b), construcción final, sucede lo mismo, deberíamos decir “Nos llamaron para que habláramos del asunto”.
Sea de la manera que sea, demos la bienvenida a construcciones como esta que hermana perfectamente con estos momentos de crisis que estamos viviendo. Pues, en definitiva la crisis conlleva economía de cualquier manera que la contemplemos.
Si bien tengo que señalar que esto puede implicar cierta paradoja, pues si lo que queremos es economizar lenguaje, al doblar las estructuras, lo que estamos haciendo es redundar con estructuras simétricamente iguales. ¡Viva la abundancia en momentos de crisis!

jueves, 25 de junio de 2009

Puntos suspensivos

Por Ángeles Álvarez Moralejo
El español se diferencia de ciertas lenguas por sus tonemas. Al pronunciar las frases debemos tener en cuenta que hay que aplicar entonaciones diferentes para dar los significados que pretendamos en cada situación. A parte de los signos de exclamación o interrogación, tenemos los puntos suspensivos (…) que debemos no sólo escribir, sino también saber leer y entonar cuando hagamos uso de la lengua oral. Lo que indican es que el contenido semántico de la frase en cuestión no queda cerrado, sino que hay algo detrás que omitimos, pero que queda inmerso en el significado de lo expresado.

Pongamos tres ejemplos pertenecientes a estructuras diferentes y en las que hacemos uso de esos puntos suspensivos, que en realidad nos permiten hacer economía lingüística.

a) Quien a buen árbol se arrima,…
b) Es que tengo tanto sueño…
c) Si estuviera aquí…

En el caso de a) se trata de un refrán de los miles de refranes castellanos de que disponemos en la lengua y que no, por ser antiguos, han dejado de formar parte de la lengua hablada, sino que se usan con frecuencia y enriquecen la lengua sobremanera. El refrán completo sería: “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” Sólo damos la primera parte ya que se sobreentiende la segunda, pues todo el mundo la conoce. En el mismo refrán aparece el relativo “quien” aludiendo a “la persona que”, ya este pronombre relativo forma parte de un recurso de economía.

En el caso de b) expresamos solamente la causa de una oración consecutiva, eludiendo el efecto, pues no es intrínsicamente relevante. Lo importante para nuestro interlocutor es conocer la causa, el efecto sólo puede ser uno: que tengo que descansar, que estoy muy cansado, etc.

Cuando decimos “Si estuviera aquí…” en realidad no estamos expresando una condición, sino un deseo hipotético y la expresión sería. ¡Ah si estuviera aquí!, omitiendo la partícula “Ah”. Sin embargo al escribir los puntos suspensivos pasa a ser la prótasis de una oración condicional hipotética. No decimos la apódosis porque no es relevante en el contenido que deseamos expresar. De esta manera lo usamos como un deseo en presente hipotético.

Muchos son los casos en la lengua en que cortamos las frases con puntos suspensivos, por lo que considero que son un recurso más de economía lingüística.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Economía en SMS

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Si dentro de la lengua, hay algún fenómeno que llega al límite de la economía lingüística es en los mensajes de los teléfonos móviles (SMS). Dado el escaso espacio de que disponen para escribir un mensaje con el máximo contenido y rapidez, los recursos que se están desarrollando para la redacción de los mismos son infinitos.
Analizando algunos ejemplos podríamos catalogarlos de la siguiente manera:
a) Pntuacn: No se deben utilizar las letras mayúsculas. El uso de las mismas indicará que estás gritando y es de mala educación. Los signos de interrogación y exclamación solamente se colocan al final. Ejmplo: K t sts? (¿Qué tal estás?)
b) Ortgrfi: No se acentúa. La h- y la e- al principio de las palabras se omiten. Se suprimen todas las vocales en las palabras comunes. Se utiliza la representación gráfica del sonido en las consonantes que preceden a las vocales cuando eliminamos estas. Por ejemplo: kra (cara). Se sustituye la ll, por la y o una sola l. Se emplean todos los signos y números posibles a fin de acortar las palabras (x = por, 1 = uno.
c) Sntxs: Se puede suprimir el espacio entre las palabras (tptcqdr = (¿te apetece quedar?)

A modo de ejemplos de mensajes cotidianos y generales:
- Sta trd tspro pra tmr kf bss (Esta tarde te espero para tomar café. Besos)

-mal, xkes 1 koñazo stdiar n verno... y tngo 5 sobrs 1 sufi 1 bien i lo d+ todo ntabls ... k t tu? (Mal, me ha quedado matemáticas. Es un coñazo estudiar todo el verano. Tengo 5 sobresalientes, 1 suficiente, 1 bien y lo demás todo notables ¿qué tal tu?)

-Wueno Maxo la xroxima semm boi a jijon a un kurx de surf , vasr la ostia ..la ke m voi a dr... tu vs algn lao ADW knta (Bueno macho, la próxima semana voy a Gijón a un curso de surf, ¡va a ser la hostia! ... la que me voy a dar . ¿Tú vas a algún lado? Contesta a Andrés . Contesta.)

- Ami m kedao mats n jodas ke as ktao, kuants tn kedao kontsta (A mí me ha quedado matemática, no jodas ¡Qué asco! ¿Cuántas te han quedado? Contesta).

-Ola k tl sts a dnd as id y esy en l publ avurd n m a kedao nig m entrao d k te as rt l pirn espo k te curs y k n te vañs n td l vern cn l pat chul kntes (Hola, ¿Qué tal estás? ¿Dónde has ido? Yo estoy en el pueblo aburrido. No me ha quedado ninguna. Me he enterado de que te has roto la pierna. Espero que te cures y que no te bañes en todo el verano con la pata chula. Contesta)

-Y n sva na lsn l k dij d brnj y n keria k te purs a yorr knts porf. (Yo no sabía nada. Lo siento. Lo que dije era broma yo no quería que te pusieras a llorar. Contesta, por favor).

-Ola slo keria svr com etbs y ety bien aora etoy en galicia etoy con m ermno e psao bueo m tego k i adio (Hola, sólo quería saber cómo estabas. Yo estoy bien. Ahora estoy en Galicia con mi hermano el pesado. Bueno, me tengo que ir. Adiós).

- toi feli (Estoy feliz)

viernes, 17 de octubre de 2008

Guachupichu

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Podríamos hablar de una metonimia contaminada. ¡Quién les iba a decir a los vecinos del famoso y espectacular Machu-Pichu, que algún día el nombre de su famoso monte les iba a servir para ser nominados con el adjetivo-gentilicio “guachupichu”!
Lo más anecdótico del caso es que dicho adjetivo engloba no sólo a los vecinos y habitantes de dicha zona, sino a todos aquellos que son descendientes de los países colonizados, o invadidos, ¡da igual!, por nuestro, o de los italianos, incomparable Colón.
Podríamos decir que “guachupichu” es el adjetivo despectivo de “indio”.
Personalmente no estoy de acuerdo con el uso de este adjetivo, sin embargo se ha extendido de tal manera que no me extrañaría que, en breve, la RAE lo incluyera en el diccionario, debido al uso idiomático que se ha venido haciendo últimamente del término.
Si en Japón, por ejemplo, se usa el término “gaiyín” para aludir al foráneo o extranjero, ahora en España ya nos hemos colocado a su nivel, creando el adjetivo “guachupichu”. Para que luego digan que estamos a años-luz de ciertos países ricos, claro que depende de a lo que se refieran. En algunos casos nos igualamos a ellos rápidamente, e incluso podemos superarlos. Sobre todo si consideramos el número de letras con el que escribimos el mismo término (Seis frente a once). En otros, no les llegamos ni a los calcañales.

Ahora viene la cuestión: ¿Qué tiene que ver este tema con la economía lingüística? Pues creo que desde el punto de vista de la semántica, en el término “guachupichu” están condesados múltiples significados, como: persona que viene del ultramar a buscar trabajo. Persona que tiene sus orígenes en las tierras conquistadas por Colón. Persona que recibe con agradecimiento y sumisión los trabajos que los españoles nativos rechazamos. Persona humilde que sólo desea la integración cultural y económica de nuestro país. (…)
Al menos espero que si la RAE lo incluye en su diccionario, le dé también los múltiples significados que tiene, a modo de ejemplo me he arriesgado a dar algunos, sin embargo se pueden ampliar terriblemente con la colaboración de todos.

martes, 14 de octubre de 2008

Conjunciones temporales

Por Ángeles Álvarez Moralejo
A veces nos preguntamos que para qué existen en la lengua tantas conjunciones con idéntico significado. Podríamos decir que este fenómeno es la antítesis de la economía lingüística, y es cierto; sin embargo la existencia de las mismas da ciertos rasgos de expresividad a la lengua enriqueciéndola sobremanera.
Es el caso de conjunciones temporales como: tan pronto como, nada más que, en cuanto, apenas, no bien, así que. Todas ellas sirven para indicar una acción posterior inmediata en el tiempo. Si las comparamos con después de que podemos decir que en este caso sí hay un rasgo diferenciador que nos remite a la economía lingüística, ya que al decir:

a) Nos veremos después de que salgas de clase
b) Nos veremos en cuanto salgas de clase

En el caso de a), refleja falta de exactitud en la acción y esto obligará al interlocutor a preguntar: Pero, ¿a qué hora?, porque salgo a las 11:00. Sin embargo al expresar b), no hay ninguna duda, ya que indica la acción exactamente, si sales de clase a las 11:00, inmediatamente nos veremos. Lo cual evitará gastar saliva a nuestro interlocutor.

Sucede lo mismo con la conjunción cuando, que puede sustituir a cualquier conjunción temporal, sea acciones repetidas (siempre que, cada vez que), sea acción final (hasta que), u origen (desde que), anterior (antes de que), simultánea (mientras que), etc.

Con esto debemos sacar como conclusión que debemos ser estrictos en el uso de las conjunciones bien para evitar malentendidos, o bien para hablar con exactitud frente a las diferentes situaciones en las que nos encontremos.

viernes, 26 de septiembre de 2008

La polisemia

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Qué es la polisemia, sino un recurso de economía lingüística? Palabras con significados múltiples, y no digamos sólo los significados denotativos, tengamos en cuenta los connotativos, aquí ya nos perdemos. Palabras “comodín” como a mí me gusta llamarlas en la clase de ELE para que los alumnos lo entiendan, nos aportan tantos significados, que, paradójicamente, al contrario de enriquecer la lengua, la empobrecen por esa falta de vocabulario específico, pero que, por otro lado, son muy útiles en niveles elementales de ELE.
Pongamos por ejemplo, las palabras “cosa”, “chisme”, “aparato”. Palabras que usamos en contextos diferentes, pero que en todos ellos sustituyen al vocablo exacto; bien es verdad que al desconocer dicho vocablo nos ayudan a salir del paso y podemos establecer la comunicación, sin que haya ningún tipo de equivocación o malentendido.
He comprado una cosa”. Tal vez el hablante desea guardar en secreto la “cosa” comprada o no quiere desvelarla o bien no sabe cómo se llama exactamente. Sin embargo, el contenido de la comunicación es explícito.
No sólo en el mundo de los sustantivos se da este tipo de fenómeno, sucede con todas las palabras que forman parte de la oración, tanto variables como invariables: adjetivos, preposiciones, interjecciones, verbos, adverbios, etc.

Verbos como poner, hacer, tener, etc., tienen múltiples significados. Existe una tendencia contraria a lo que conocemos como economía lingüística, que nos da cierta redundancia. Me refiero al uso frecuente de los alumnos dentro de ELE de sintagmas formados por el verbo + un sustantivo, en lugar de usar el infinitivo que lo sustituye. Hacer la comida >Cocinar, Hacer la limpieza>Limpiar, Hacer una casa>Construir.

Respecto a las preposiciones, podemos poner como ejemplo “Por”, con todos sus significados:
Miré por la ventana (a través de)
Me voy por no querer hablar contigo (porque)
Voy por ti a la conferencia (en tu lugar)
Conseguí el piso por 300.000 € (precio)
Iré por verte (para)
Estuve allí por 2 meses (durante)
La manzana fue comida por el niño (Complemento Agente de la voz pasiva)
Paseo por el parque (movimiento)

Por otro lado tenemos la metonimia, que también está dentro de este tipo de recursos.
En el mar se divisaban 1000 velas.
Ponme un Rioja.
Había 100 almas

Las palabras “vela”, “Rioja” y “alma”, sustituyen a otro sustantivo, bien usando la parte por el todo (vela =barco), (alma =persona) o bien usando el nombre del lugar por el producto (Rioja = vaso de vino). Hay muchos tipos de metonimias, sin embargo he escrito estas a modo de ejemplo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Pero tú ¿no te ibas hoy?

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Cómo explicar a un estudiante de ELE esta frase? ¿Cómo explicarle que el Pretérito Imperfecto de Indicativo podemos usarlo en tiempo presente? Realmente es muy complicado si los profesores de ELE desde niveles muy elementales no informamos al estudiante de que hay un tema en la lengua que se llama Estilo Indirecto.
Sí, esta es la única explicación gramatical y, por lo tanto, lógica para la comprensión y el uso de frases de este tipo en situaciones coloquiales y frecuentísimas en la lengua hablada.
Tenemos que partir del Estilo Directo, es decir de las palabras exactas usadas por el emisor: “Mañana (o el próximo día…) me voy”. Partiendo de esta frase, lo que está diciendo es “Pero ¿no me dijiste que te ibas hoy?” Haciendo uso de la economía lingüística omite (“me dijiste que”), y se limita a dar el contenido relevante para que se establezca el principio de la comunicación. No es necesario, pues los hablantes nativos comprendemos perfectamente el mensaje en su integridad. Sin embargo, cuando les explicas los usos básicos del Pretérito Imperfecto a los estudiantes del ELE, les dices, los usos de este tiempo son:
1) Narración abierta en pasado: Cuando era niña, vivía con mis padres
2) Descripción en pasado: Mi profesora era alta, tenía el pelo rubio y le gustaba el color rojo.
3) Acción habitual: Todos los fines de semana íbamos al cine con nuestros abuelos.
4) Copresente: ¡Hola! ¿Qué hacías?
5) Uso en la apódosis de una oración hipotética (alternando con el Condicional Imperfecto en tiempo presente): Si tuviera dinero, iría/iba a Méjico.

Si un alumno escucha esta frase en la calle, en un bar, en su familia de acogida, o vete tú a saber dónde, se le caerá el mundo encima, intentando darle una explicación al uso del imperfecto en la frase del título. Cuando esté medio loco, decidirá llevar la duda a clase, dependiendo del origen y carácter del estudiante. Quiero decir, si el estudiante es riguroso y atrevido (hay casos en los que a los alumnos les surgen dudas, pero jamás te las plantearán en clase, bien por la timidez o simplemente por no saber cómo explicar la duda al profesor y quedar en ridículo delante de otros compañeros, ¡hay de todo!) la preguntará e intentará que el profesor le explique qué uso del P. Imperfecto es. No es narración, ni descripción, ni habitualidad, ni copresente, ni tampoco es una hipótesis. Entonces ¿de qué demonio se trata? La respuesta es bien fácil: se trata de un Presente interpretado en Estilo Indirecto. Y su respuesta será: ¡Ah!, entiendo. Gracias.

Expliquemos con rigor para evitar este tipo de problemas.

martes, 2 de septiembre de 2008

¿Qué es la lengua?

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Qué es la lengua? Podríamos decir que es el instrumento de que disponemos para poder comunicarnos los seres humanos. Pues bien, la lengua va cambiando al igual que cambia la sociedad. La lengua no es un ser inerte, sino que se va adaptando a los cambios sociales e históricos que se van produciendo en la evolución de la raza humana, esto es lo que determina la vitalidad de la lengua como algo vivo. Una señal evidente de esos cambios es la economía lingüística a la que se va adaptando. Todas las lenguas debido a la “comodidad” de sus hablantes tienden a simplificarse tanto en el sistema fonológico, como sintáctico y léxico. Los hablantes desean desgastar la mínima energía en su comunicación y siempre que el mensaje sea íntegro y significativo, favorece la economía lingüística. Decir las cosas con el mínimo esfuerzo y con el mismo resultado.
De ahí, que fonológicamente, existan los fenómenos de ceceo, seseo y yeísmo. Bien es verdad que son rasgos característicos de dialectos del castellano, sin embargo ¿Por qué se producen? Pues simplemente por el escaso poder distintivo de estas oposiciones fonológicas, sin embargo esto no provoca ningún problema, pues en el contexto lingüístico la diferencia es clara. Por ejemplo: He hecho la tarta con una masa de harina, huevo y leche. Le dio un golpe con una maza de madera. Se trata, pues de rasgos característicos de determinadas hablas dialectales.
Otro recurso muy marcado de economía lingüística está en los acrónimos. Cada vez más, por necesidades científicas, económicas, políticas, sociales, etc. el uso de los acrónimos es mayor. Pongamos como ejemplos: ACB: Asociación de Clubes de Baloncesto, ONCE: Organización Nacional de Ciegos Españoles, DGT: Dirección General de Tráfico, AVE: Alta Velocidad Española. Muchos acrónimos hacen que se globalice la lengua y exista un gran número de ellos que son de uso internacional y que todo el mundo conoce y usa, siendo su base el inglés. CIA: Central Intelligence Agency (Agencia Central de Inteligencia), FBI: Federal Bureau of Investigation (Oficina Federal de Investigación), UNICEF : United Nation's International Children's Emergency Fund (Fondo Internacional de las Naciones Unidas para Emergencias de la Infancia), UNESCO: United Nation's Educational, Scientific and Cultural Organization (Organización de las Naciones Unidas para Educación, Ciencia y Cultura).
No obstante debemos tener mucho cuidado a la hora de economizar lengua, pues no siempre es positivo y, a veces, puede mostrar cierta desgana a la hora de usar la lengua correctamente y todo esto derivar en una limitación de la lengua, que puede dar lugar al empobrecimiento de la misma. Es lo que sucede con los mensajes de los teléfonos móviles, tema del que trataré más adelante.

lunes, 25 de agosto de 2008

Interjecciones

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Siempre se ha considerado a este tipo de palabras como partes de la oración invariables, esto es verdad, pero pienso que no se debería hablar de palabras y meterlas en el mismo cajón de los adverbios, preposiciones y conjunciones. Lo más correcto sería considerarlas oraciones completas, que se han reducido a la mínima expresión debido a la carga de economía lingüística que las ampara.
Cuando decimos ¡Oh!, ¡Ja!, ¡Olé!, ¡Uh!, ¡Ah!, ¡Eh!, etc. en realidad estamos expresando no sólo un único contenido, sino que dependiendo de la situación en que las expresemos, podemos dar contenidos variados, bien de sorpresa, miedo, duda, incredulidad, temor, admiración, ironía, rechazo, alegría, etc.
Veamos algunos ejemplos:
¡Oh! ¡Qué bonito!, (expresa sorpresa o admiración). En realidad estamos diciendo: Nunca he visto nada tan bonito. Estoy muy sorprendido con lo que estoy viendo.
¡Ja! Puede expresar ironía, rechazo, burla, etc.
¡Ja! No me tomes el pelo.
¿Que te casas el próximo mes? ¡Ja! Y ¿con quién?
¡Ja, ja, ja, ja! Cuando la damos repetida, es la onomatopeya de la risa.

Así podríamos dar ejemplos sin límite usando estas formas que sin duda forman parte la economía lingüística más extrema.

viernes, 18 de julio de 2008

Leísmo, laísmo y loísmo

Por Ángeles Álvarez Moralejo
En el caso de los pronombre átonos de Complemento directo (lo, la, los, las) y de Complemento Indirecto (le, les) se producen alteraciones en el sistema, puesto que en unos casos las formas distinguen funciones sintácticas y en algunos casos se realiza la distinción de género.

Vamos a ver las alteraciones más importantes:

1. LEÍSMO: Consiste en el uso del pronombre LE, en función de complemento directo. Tenemos que apuntar que hay una situación en que está admitido este leísmo por la RAE y es en el caso de que se refiera a C.D. de persona masculino, por ejemplo.

¿Has visto a Juan?
- Sí, lo/le he visto.

Pero no podemos decir:

¿Has leído el libro?
- Sí le he leído. En este caso sólo es admitido el pronombre LO: Sí, lo he leído.

Las causas de esta alteración se encuentran en dos hechos principales:
A) La tendencia del español a separar lo animado de lo inanimado en el complemento directo (yo veo un libro, frente a yo veo a Juan). Como en el complemento indirecto hay equivalencia entre a él y le, esta forma se ha empleado para el complemento directo cuando éste era de persona, en que poseía también un régimen preposicional idéntico (a Juan, a un niño, a él). A partir de este desajuste se han producido otra serie de cambios en el paradigma.
B) La tendencia a subrayar la diferencia de género, que sólo existe en las formas del complemento directo y que se ha contagiado a las del complemento indirecto, en perjuicio de las distinciones de función.

En estos desajustes ha podido intervenir también la influencia analógica de otros paradigmas pronominales que distinguen el género, pero no la función:

ÉL ELLA ELLO
ESTE ESTA ESTO

Sobre los que se han estructurado un sistema de pronombres personales que no distingue la función y sí el género, y que sería:

LE LA LO

Ahora bien, este sistema sólo tiene validez parcial y en español normativo no ha sustituido sino dialectalmente al paradigma que he señalado más arriba.

2. LAÍSMO: Consiste en el uso del pronombre LA como complemento indirecto femenino. Se trata, por lo tanto, de una sustitución del significado de función por el género.
He dicho a Carmen que no puedo ir a su casa.
Se transforma en:
La he dicho que no puedo ir a su casa.
Cuando deberíamos decir: Le he dicho que no puedo ir a su casa.
A Carmen, es el complemento indirecto (Le)

El laísmo está muy extendido en el habla de Castilla y de León. Especialmente difundido está entre los hablantes madrileños y era un fenómeno ya general en el Siglo de Oro. Muchos escritores clásicos ofrecen abundantes ejemplos de laísmo ya en el siglo XVII (Lope de Vega, Quevedo, etc.) aunque hoy se halla en regresión en el habla culta, todavía es posible encontrarlo en algunos escritores. No está admitido por la RALE.

3. LOÍSMO: Es menos frecuente y mucho más vulgar, consiste en el uso de LO como complemento indirecto.

¿Has escrito a tu novio?
- Sí, lo he escrito.

Debemos decir: Sí, le he escrito. Ya que “a tu novio” es el complemento indirecto.

Su empleo se extiende por la misma zona del laísmo, pero con menor difusión. Supone un vulgarismo inadmisible, aunque en alguna época fue frecuente hasta en escritores como Quevedo.

martes, 8 de julio de 2008

P. Perfecto, P. Indefinido, Presente

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Son correctas las siguientes frases?

a) "Este año murió mi padre"
b) "Hace cinco años que me he casado"

Si somos ortodoxos en las reglas gramaticales, tendríamos que decir que no son correctas, pues en el caso de a) lo realmente correcto sería decir: “Este año ha muerto mi padre”, ya que se trata de una acción pasada, sin embargo el tiempo es presente (características de este tiempo verbal). En el caso de b), lo correcto gramaticalmente sería decir: “Hace cinco años que me casé”, pues se trata de una acción pasada y el tiempo se cierra por sí mismo en pasado con la expresión “hace cinco años”.

¿Realmente podemos usar este aparente desmán?

Sí, podemos usarlo, ya que esta aparente anormalidad conlleva un significado muy complejo que no expresamos verbalmente, pero que llega a nuestro interlocutor, por la fórmula mágica de la economía lingüística. En estos casos estamos transmitiendo a nuestro interlocutor un montón de información.

Cuando decimos: “Este año murió mi padre”, le estamos comunicando todos los sentimientos de tristeza y angustia que nos produce la muerte de un ser querido y haciendo uso del indefinido, pretendemos alejar esa noticia que provoca sentimientos negativos en nuestra alma. Sin embargo en el caso de b), sucede todo lo contrario. Al decir “hace cinco años que me he casado”, intentamos acercar al presente un momento de felicidad en nuestra vida (esto siempre y cuando seamos felices en nuestro matrimonio) que se produjo hace tiempo, pero que deseamos continuar viviendo.

Muchos son los recursos que tiene el español iguales al que acabo de referirme. Pongamos por caso el uso del presente apelativo. Ese uso del presente en tiempo pasado, que sirve únicamente para llamar la atención de nuestro interlocutor, intentando comunicarle que nos escuche que lo que le vamos a contar es algo muy importante:

Por ejemplo: “Ayer fui al Retiro, me senté en un banco y me roban el bolso”

Cuando me encuentro con este tipo de cosas, me doy cuenta de que la lengua ha sido creada por los hombres en función de sus necesidades y, por lo tanto, está cargada de humanidad, pues es el vehículo para expresar todo aquello que necesitamos y no sólo para comunicarnos. ¡Esta lengua es fantástica!

lunes, 23 de junio de 2008

Que te..., que te..., que te...

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Pienso que cuanta más intensidad queremos darle a aquello que queremos expresar, más mano nos echa la economía lingüística. Tal vez porque cuanto más rápido y austeramente expresemos algo, mejor y más intensamente hacemos que llegue a nuestro interlocutor. Si no fuera así, ¿cómo podríamos explicar estructuras como la que intentaré exponer en este artículo?

La gramática formal nos da pautas y reglas para expresar una amenaza, sin embargo son múltiples las maneras en que podremos amenazar a nuestro interlocutor. Pongamos un ejemplo, desde más formal a más coloquial y veremos cómo influye la economía lingüística en este caso.

Situación: Es la hora de comer y la madre llama repetidamente a su hijo que está jugando en la calle, pero éste hace oídos sordos. La madre ya un poco cansada decide usar el arma de la amenaza y le dice:

Como no entres en casa, te quedarás todo el fin de semana en casa encerrado.
Como no entres en casa, te vas a enterar.
Como no entres, vas a saber quién es tu madre.
Como no entres, ya verás.

Esta es la pauta más formal que nos da la gramática, es decir, usar una oración condicional, pero usando la conjunción “como” y no “si”, que es la básica de este tipo de estructuras. No es la única, pues de una manera más económica, la madre puede decirle:

No entres en casa, y te quedas sin postre.

Sin embargo ¿quién no ha escuchado mil veces en boca de nuestras madres, en nuestra más tierna edad, expresiones como?:

Entra en casa, que te…, que te…., que te….

Ciertamente estamos frente a una expresión coloquial, sin embargo de uso muy frecuente.

martes, 10 de junio de 2008

Los pronombres

Por Ángeles Álvarez Moralejo
El tema de los pronombres también tiene su trato dentro de la economía lingüística. ¿Qué son sino los pronombres? Su propia definición nos lo aclara: “Sustituyen al nombre”.

A diferencia de otras lenguas, como es el caso del inglés, nuestros verbos son desinenciales, por lo que utilizar el pronombre sujeto delante de las mismas, resulta reiterativo y absurdo, sería como “comer pan con pan”. Si decimos “hablo”, entendemos “yo”, no es necesario decir el pronombre. Es cierto que a veces lo debemos usar, pero sólo en dos situaciones, bien cuando queremos intensificar o bien cuando puede provocar alguna confusión. Sabemos que hay ciertos tiempos verbales, como son los Pretéritos imperfectos, Condicionales, Pluscuamperfectos o Presente de Subjuntivo que comparten la misma forma en la primera y tercera persona del singular. Con estos tiempos (excepto el presente de subjuntivo), que son los que corresponden al Estilo Indirecto, a veces se da confusión, cuando esto suceda debemos señalar el pronombre sujeto correspondiente. Por ejemplo: Dijo que iba (él, ella, Ud. yo) al médico por la mañana.

En el caso de los pronombres complemento, por sí mismos forman parte de esa economía lingüística que estamos tratando. Lo mismo sucede con todos los demás pronombres: relativos, indefinidos, demostrativos, posesivos, etc.

Ejemplos como:
-¿Has leído el libro a tu abuelo?
- Si, se lo he leído.

Los chicos, con los que hablamos el otro día, son los mejores de la clase.

¿Tienes libros de Historia?
- Sí, tengo alguno.

Tengo libros muy variados: estos son de Historia, esos de Gramática y aquellos de Arte.

En mi casa tenemos tres coches. El mío es de color azul.

Supongo que la idea de la economía lingüística puede tener varias razones de ser y que a lo largo de toda la larga vida de la historia de la lengua, se ha venido fraguando en este sentido. Bien por evitar la repetición de las mismas palabras, lo cual da un aspecto repetitivo y raro, o bien por darle una mayor rapidez a la comunicación.

jueves, 29 de mayo de 2008

Modos de los tiempos

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Alguien se ha parado a pensar, que los modos de los verbos en español forman parte de la economía lingüística de la lengua?
Pues sí, me gustaría demostrar cómo haciendo uso de un modo (Indicativo) o de otro (Subjuntivo), los hablantes comunicamos contenidos diferentes y economizamos, en algunos casos, muchas palabras.

Para dar explicación a esto, establezcamos algunas estructuras de la lengua, tanto en oraciones simples como en oraciones compuestas. Pongamos por ejemplo:

a) Tal vez está en casa
b) Tal vez esté en casa

En estas dos oraciones simples, estamos expresando duda, sin embargo en a) la duda es muy leve, es decir el hablante tiene poca duda, está casi seguro, y eso es lo que nos comunica; en cambio en la b) el hablante nos está añadiendo muchísima duda, y nos quiere decir “No tengo ninguna idea” “No me preguntes porque no sé nada de nada respecto a eso”. Evidentemente, al usar un modo u otro, estamos economizando lengua.

Pongamos ejemplos en oraciones subordinadas, en esta ocasión planteemos el tema en dos tipos de oraciones: Adjetivas y Concesivas.

a) Quiero hablar con los que pertenecen a este club.
b) Quiero hablar con los que pertenezcan a este club.

En el caso de estas dos oraciones adjetivas, gramaticalmente son correctas las dos, pues todas ellas pueden llevar Indicativo (si el antecedente es conocido por el hablante) o Subjuntivo (si el antecedente es desconocido por el hablante). Ahí esta la economía lingüística.
En el caso a) el hablante está omitiendo un contenido que está expreso en el uso del indicativo, es decir (“yo conozco a esas personas y puedes preguntarme por ellas pues te puedo dar toda la información que desees”). En el caso de b), omite lo contrario, es decir (“Yo no conozco a esas personas, sé que hay personas que pertenecen a este club, pero no, quiénes son, por lo tanto no podría darte información en el caso de que la desearas”).

Sucede lo mismo en el caso de las oraciones concesivas:

a) Saldré de clase aunque está lloviendo.
b) Saldré de clase aunque esté lloviendo.

El hablante expresa a) cuando conoce el hecho del que habla, es decir (“Sé que está lloviendo porque lo he visto con mis propios ojos”). En el caso de b) puede expresar dos cosas: bien (“No tengo ni idea de si está lloviendo o no, no lo he visto”) o (“Sé que está lloviendo, pero me da lo mismo, no voy a hacer caso de lo que tú me dices”)

Estas oraciones, según la Gramática, pueden llevar Indicativo o Subjuntivo, en el caso de que las demos como posibles, la regla establece el uso del Indicativo cuando el hablante ha comprobado el hecho al que se refiere, y Subjuntivo, cuando o bien no ha comprobado el hecho del que está hablando, o bien se opone a la idea de otra persona aunque haya comprobado el hecho. Aplicando la regla nos damos cuenta de que el uso de un modo u otro, nos lleva a economizar lengua, en cantidad de estructuras que usamos todos los días de manera inconsciente, pero que para un estudiante de español como lengua extranjera resultan imprescindibles a la hora de aprender ciertas estructuras lingüísticas.

lunes, 26 de mayo de 2008

Economía lingüística en presentadores

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Por qué les resulta tan difícil a los estudiantes extranjeros el tema del artículo? Sin embargo usan otros presentadores con total seguridad y corrección. Esto es algo paradójico y creo que la respuesta está en que los profesionales que nos dedicamos a la enseñanza del español no sabemos explicárselo bien. O tal vez, por falta de reglas fijas, tampoco nosotros nos atrevamos a establecer aquellas que pueden permitir al alumno entender de manera lógica su uso.

Si partimos de la base, de que el artículo es un presentador, tenemos que saber que se llama así porque presenta a un sustantivo, quiere decir que va delante de un sustantivo o de cualquier palabra sustantivizada. Por lo que cuando usamos un sustantivo en la frase siempre debemos presentarlo con un artículo (u otro presentador: adjetivos indefinidos, numerales, posesivos, demostrativos).

La siguiente cuestión que debemos plantearnos es la de la función que desempeña el sustantivo en la frase. Solamente puede aparecer en tres situaciones, como Sujeto de la oración, Complemento directo o formando parte de un Sintagma Preposicional. Podríamos decir que en las tres situaciones debemos usar el artículo.

¿Por qué desaparece en muchas de estas posiciones? Se trata de economizar lengua. En el caso del Sujeto sólo podemos omitir el artículo cuando éste es un infinitivo o una oración completa. Cuando se trata del Complemento Directo, el artículo tiende a desaparecer cuando usamos un nombre partitivo o abstracto, o se trata de nombres de disciplinas (Matemáticas, Geografía...) y en el Sintagma Preposicional, exactamente igual que en el caso del Complemento Directo y además cuando usamos las palabras “casa” y “clase” propias.

La economía lingüística explica muchas de las dudas y problemas que se plantean en la clase de español como lengua extranjera.
¿Por qué podemos decir: “Estoy en la casa”, “Estoy en una casa”, “Estoy en casa”?
Decimos “Estoy en la casa”, cuando se trata de una casa conocida por el hablante y por el oyente, o se trata de una casa única. “Estoy en una casa”, lo decimos cuando la casa no es conocida por hablante u oyente, o no es una casa única, sino que hay varias. “Estoy en casa”, lo usamos cuando se trata de “mi” casa, por lo que en este caso omitimos el presentador, pero nuestro interlocutor entiende que se trata de la casa propia del hablante.

Si partimos de la norma que establece que cualquier sustantivo o palabra sustantivizada debe llevar un presentador, no entendemos por qué podemos decir “estoy en casa”, ya que se trata de un Sintagma Preposicional, y por lo tanto cualquier sintagma de este tipo está formado por Preposición + S. Nominal (S.N = Presentador + Sustantivo). La omisión del presentador en este caso sólo tiene una explicación: economía lingüística. Sin embargo sólo podemos omitir el presentador en el caso de que se trate de casa propia, por lo que se aplica en el caso del posesivo correspondiente al sujeto de la oración. Sucede lo mismo con la palabra “clase” y a veces, con la palabra “cama”: He pasado en cama todo el fin de semana.

Otro caso es el de los infinitivos, cuando funcionan como sustantivos. Deberían llevar un presentador en cualquier posición dentro de la frase, sean el sujeto, el C. Directo o como núcleo de un sintagma preposicional, sin embargo la omisión del presentador es la norma general en la lengua tanto hablada como escrita.
Así decimos:
Me gusta estudiar y no *Me gusta el estudiar.
Pienso ir y no *Pienso el ir.
Es muy elegante en vestir y no *en el vestir.

Aunque si usáramos el presentador, hablaríamos correctamente.


La única explicación que encuentro a este tema es la omisión del presentador por economía lingüística, y así se lo explico a mis alumnos en clase. Verdaderamente esta regla no es ninguna panacea, pero sí ayuda al estudiante de español como lengua extranjera a aproximarse mucho al uso correcto del artículo.

lunes, 12 de mayo de 2008

Bienvenida

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Cuando me planteé comenzar a escribir en este blog, la verdad es que navegué mucho a través de la red para ver en qué consistía un blog. Después de visitar miles de páginas, me di cuenta de que nunca llegaría a escribir un gran blog, pero también, de que no todo lo que se escribe en espacios como este merece la pena ser publicado. No pretendo ser la mejor ni la peor, cayendo ni en la vanagloria ni en la zafiedad, sólo intentaré escribir algo que sirva como ayuda a muchas personas que tengan interés en mis temas.

El problema principal, lo he encontrado a la hora de elegir el tema, ¿de qué podré tratar, que yo maneje medianamente y al mismo tiempo que me ayude a enriquecerme con los comentarios de quien sepa más que yo?

Tal vez he encontrado una vía de escape para tratar sobre un tema del que vengo hablando desde hace mucho tiempo y tratando en mis clases de español para extranjeros, se trata de “La economía lingüística”.

Sí, la Lengua también está sometida a la economía. Esto es algo que intentaré demostrarles, apoyándome en ejemplos que todos los días usamos, como hablantes, pero que desconocemos que son objeto de ciertos recursos lingüísticos que economizan nuestra comunicación a fin de darle más rapidez y que, en cierta manera, provocan un gran problema en los estudiantes extranjeros de español a la hora de comunicarse con los nativos.

Espero y deseo que sean muchos los profesionales de la Lengua los que nos puedan apoyar con sus comentarios, dudas, preguntas u opiniones respecto al tema propuesto.

¡Larga vida a esta nueva bitácora!