miércoles, 7 de marzo de 2018
DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA
jueves, 11 de septiembre de 2014
RIZAR EL RIZO
jueves, 24 de enero de 2013
"TENGO UN DOLOR QUE NO DUELE"
Ahora entiendo porque para todos es San Casillas.
Casillas, ese dolor que no te duele nos duele a todos ¡Y mucho!
martes, 5 de julio de 2011
Orgullo y resignación
Si en el globo terráqueo existimos seres de todos los tipos, condiciones, ideologías, características y familias ¿A santo de qué solo se reconoce a algunos? ¿Qué pasa, que solo unos pocos tienen derecho a reivindicarse cuando lo tienen todo ya reivindicado? Si los gays llevan ya algunos años desfilando durante uno de los fines de semana al entrar el solsticio de verano, a pesar de que últimamente lo hagan exclusivamente con el afán de exhibir esos cuerpos que la naturaleza les ha regalado y que ellos han cincelado a modo de un modelo de Miguel Ángel, con mayor motivo podrían hacerlo todos aquellos que realmente necesitan que se les escuche y se les ayude a solucionar sus problemas. Pongamos por caso a las mujeres maltratadas, a los niños abandonados, a los discapacitados, a las prostitutas, a los sintecho y también a todos los heterosexuales entre los que podríamos englobar a altos, bajos, gordos, delgados, calvos, con pelo, tuertos, cojos, mancos, con gafas, rubios, morenos, sintéticos (este adjetivo solo mis amigos lo comprenderán), hipotecados, arruinados, indignados, parados, padres, madres, tíos, primos, vecinos, parientes, etc. Si hay igualdad debería haber los mismos derechos para todos, y no a manifestarse solamente sino también, como es el caso del Orgullo Gay, a desfilar para que todos nos admiraran y no sirviéramos de compasión. Que el Ayuntamiento nos prestara las calles más céntricas de la ciudad y fuéramos todos protegidos por una sarta innumerable de policías y de coches del Samur y de limpieza. En fin para que en este país cada día (ya quedan pocos sin asignarles un santo) fuera una gran fiesta, que para eso estamos viviendo en el “país de la farándula y la pandereta”. Seríamos envidiados por el resto del planeta y en lugar de vivir en un infierno, viviríamos en un verdadero paraíso.
Sin embargo, esto no deja de ser una utopía más y a diferencia de sentirnos orgullosos, todos estamos resignados a esta realidad que nos ha tocado vivir, a pesar de que con fiestas como con las del orgullo gay, podamos fantasear con un mundo mejor; pues no en vano ellos a base de tesón y reivindicaciones han conseguido que se les reconozcan sus derechos y que vivan dignamente su vida dentro de una sociedad aparentemente liberal, pero realmente troglodita.
lunes, 17 de enero de 2011
La última noche que pasé contigo…
…quisiera olvidarla pero no he podido, a pesar de que lo intento; pero es tal la simbiosis que mantenemos de toda una vida juntos que es imposible dar un zarpazo y ¡zas! Vida nueva (eso es algo exclusivo de los magos). ¡Son tantos los momentos, los gestos, los ambientes, los movimientos, los viajes, los días, las noches, las madrugadas… que hemos pasado juntos!
Era el día 31 de diciembre de 2010, mejor dicho, la madrugada del día 1 de enero de 2011, pero no importaba ya que aun habría 24 horas más para disfrutar de la vida juntos. Sin embargo llegó el momento y con un ademán inconsciente, pero típico de toda una vida contigo, al tomar el vermú, eché mano al bolso con la intención de sacarte para que lo compartieras conmigo, pero una voz a mi espalda, que estaba ojo avizor, me gritó: ¡No lo hagas!, ya sabes lo de la ley de
Estaría totalmente de acuerdo con la ley si se hubiera pensado un poco en la libertad también de los que estamos esclavizados con semejante vicio.
Mi reflexión viene condicionada por varias preguntas: ¿Por qué ha aumentado el número de dispensarios de máquinas expendedoras de tabaco? ¿Por qué no han habilitado locales para fumadores y no fumadores? ¿Por qué no se colocan ceniceros en las calles, lugar exclusivo para poder echar humo? ¿Por qué tenemos que ser doblemente víctimas? Víctimas por perjudicarnos voluntariamente; victimas por tener que gastar parte de nuestros honorarios en semejante producto; víctimas por el salvaje impuesto que debemos soportar (como si no tuviéramos ya pocos); víctimas porque en invierno seremos más proclives a coger pulmonías en plena calle con las heladas que arrean en este país; víctimas porque poco a poco seremos mal mirados y se nos calificará de apestosos; víctimas porque la consumición en las terrazas tienen un considerable incremento de precio; víctimas porque será fácil localizarnos apiñados a las puertas de los locales para todos aquellos “gorrones” que siguen fumando pero que se han propuesto no comprar tabaco, con los que tendremos que aplicar la solidaridad… Además, cuando el tiempo sea tan bonacible que se llenen las terrazas, molestaremos también a los no fumadores y comenzará la guerra.
Y muchos me diréis, pues ¡deja de fumar! y yo os digo, lo dejaré cuando me salga de la punta del moño, porque no hay cosa más abominable que una prohibición. Nadie tiene derecho a prohibir de una manera tan tajante nada a nadie.
Hasta el momento hemos dado un ejemplo de civismo, pues a excepción de algunos altercados aislados, todos hemos aceptado las nuevas normas y respetamos esos espacios sin humo.
Pero bueno, todo no va a ser tan nefasto como pinta, pues gracias a dicha ley podremos hacer diariamente “cigarrones” a la puerta de los locales, lo que nos facilitará la relación social, tan escasa en los últimos tiempos y más en las grandes ciudades y esto conllevará a un incremento considerable de conocidos y amistades. Por todo ello podríamos aplicar de nuevo otro de los sabios refranes castellanos que tanta razón tienen: “No hay mal que por bien no venga"
En fin, aquí "el que no se consuela es porque no quiere".