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jueves, 25 de octubre de 2012

SENTARSE

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Estaba un día en clase intentando explicar algunas preposiciones y entre otros verbos estábamos usando el verbo “sentarse”, un verbo transitivo, cuyo uso más frecuente es la forma pronominal, que es de gran utilidad para los estudiantes ya que es la primera acción que realizan al entrar en la clase y, en el caso de algunos, porque parece que están siempre cansados y, claro, deben saber el vocablo que les permitirá salir de esa agonía que supone el sufrir un cansancio continuado.
Bien, sigamos con el tema en cuestión. A fin de que aprendieran el uso de diferentes preposiciones, se me ocurrió proponerles las siguientes: a, en, con, sobre, sin y entre. Al mismo tiempo les di ejemplos de las mismas para que fueran familiarizándose con su uso:
-         En clase me siento en el pupitre.
-         Para comer nos sentamos a la mesa.
-         Me senté sobre el cojín de la silla.
-         Se sienta con su novia en la clase.
-         Me senté sin almohadilla en la plaza de toros.
-         Me siento entre Juan y María.

Cuando terminé la explicación les pedí que para el día siguiente tenían que traer una situación vivida en lo que les quedaba de día, usando el verbo “sentarse” y teniendo en cuenta los ejemplos anteriores.
Al día siguiente comienzan a exponer su situación:
Un chico  nos explicó que había quedado con una chica, a la que pretendía seducir, para tomar un café. Había elegido la cafetería más fashion de la ciudad. Tras haber tomado el café, se levantó para pagar al camarero en la barra, pero cuando echó mano a su bolsillo para sacar la cartera, se dio cuenta de que con los nervios se la había olvidado en casa. Volvió a la mesa con un gesto perplejo y, continuó diciendo “me sentí frente a ella con la intención de explicarle que no podía invitarla dado que había olvidado llevar mi cartera”.
Este chico, claramente, confundió el verbo “sentirse” por “sentarse”. Tal vez fue causa de ese sentimiento de vergüenza que le invadió al comprobar que no tenía dinero.
Otro chico nos contó que había visto un partido de fútbol en su casa con unos amigos, que eran muchos y que como su casa no era demasiado grande, que se habían sentado unos en el sofá, otros en sillas, otros en el suelo y que él se había sentado sobre los cojones en el suelo.
A pesar de haber usado perfectamente el verbo tanto en su significado como en su conjugación y uso, lo traicionó la confusión del sustantivo, y  en lugar  de usar en la segunda sílaba la vocal “i”, colocó la “o”, dando lugar al sarcasmo general de la clase.
Una chica confundió el verbo “sentarse” con el verbo “sentar” y nos dijo textualmente: “Tomar café por la mañana me sienta muy bien”. En este caso la confusión es sintáctica al no ver claramente cuál es el sujeto de la oración.
Podéis pensar que el profesor frente a estas situaciones se sentirá (sentirse) frustrado, pues hay que reconocer que un poco; sin embargo siempre le queda el consuelo de que   con los errores se asimilan definitivamente las estructuras nuevas. Lo positivo de todo esto es que el alumno se atreva a usar lo que va aprendiendo, de esa manera se dará cuenta de si lo hace bien o, por el contrario, al abrir la boca crea chistes.
De cualquier manera a los estudiantes siempre se les puede corregir de sus errores. No sucede lo mismo con muchos nativos que los cometen, incluso más graves, y que no producen ningún tipo de risa, o si no que se lo pregunten a cualquier andaluz que usaría el imperativo “Sentarse todos”, o como nos dejó Lola Flores en una de sus frases lapidarias el día de la boda de su hija, frente al agobio sufrido por la cantidad de personas invitadas por ella misma a tal evento: “Si me queréis bien, irse todos”, ¡Menos mal que no dijo “sentarse todos”!

viernes, 15 de junio de 2012

Trueque y estraperlo

Por Ángeles Álvarez Moralejo



Tras oír las noticias de la mañana y comprobar que al contrario de animarnos, nos provocan más incertidumbre, se me ha plantado en la cabeza la palabra “trueque”.

Sí, seguramente, debido a mi ignorancia en términos económicos por más que me esfuerce en poder comprender todo lo que pasa con la prima de riesgo, con la caída de los bancos, con el tema del rescate, etc.;  sea  la única solución a la situación actual de España. ¿Tendremos que volver al trueque? Probablemente esto no deberíamos descartarlo y tengamos que volver a intercambiar objetos o servicios sin lo que nació, como una panacea, para solventar los problemas económicos a tanta gente que soñaba con una vida paradisíaca y que se llamó “Euro”: “Te doy unas gallinas por una zafra de aceite”, “Te doy un cordero a cambio de que me hagas unas sandalias con su piel”, “Te doy un chorizo por unas aspirinas”… ¿Qué nos darán a los profesores a cambio de nuestras lecciones? 

Por otro lado no debemos obviar otra palabra importante en este tema y que, según mi opinión, es el origen de ese futuro “trueque”. Es el “estraperlo”, término que no será futuro, sino que ya es presente.  Situación a la que nos están llevando los diferentes gobiernos que engloban esa entidad “mágica”, llamada Unión Europea. 

Al contrario del trueque, que surge de una necesidad vital a falta de recursos económicos y básicos para la vida de cualquier mortal, el estraperlo viene provocado e impuesto por la falta de gestión y compromiso social de nuestro gobierno. Claro, si los bancos caen, corro el riesgo de quedarme sin los ahorros que tanto me ha costado reunir. También es una actitud lógica  (o necesidad vital, llamémoslo como queramos) que lo saque y lo meta debajo de una baldosa de mi habitación, no pague ningún tipo de impuesto y haga lo que me dé la real gana con él, pues ya lo tengo etiquetado como “mi dinero negro”.

Los españoles primero adquirimos el apellido paterno de “Europeos” y eso nos llenó de gozo en su momento; sin embargo ahora estamos adoptando el segundo apellido: “Estraperlistas”.
¿Podremos salir algún día de la situación en que nos han metido si inscribimos en nuestro Libro de Familia el apellido materno?

A pesar de ser dos palabras que más bien pertenecían ya al cementerio de las palabras olvidadas, lamentablemente tienen más actualidad que nunca: La historia siempre se repite.

lunes, 20 de junio de 2011

RISA

Por Ángeles Álvarez Moralejo

El pasado día 18 de junio se celebró el día del español, organizado por el Instituto Cervantes en todo el mundo y el reto para todos los hablantes de la lengua de Cervantes era el de proponer una palabra favorita. Pues bien, aún fuera de concurso mi palabra favorita es la que da título a este artículo. ¿Puede haber una palabra en nuestra lengua más bonita tanto en su forma como en su contenido? Pues, pienso, tajantemente, que no; al menos para mí.





Fonéticamente está formada por dos consonantes y dos vocales. Las consonantes son alveolares, una es vibrante múltiple /r/, de muy difícil pronunciación, o si no que se lo pregunten a los estudiantes orientales. El del sonido del motor, del motor de la vida que solo tiene validez dentro del mundo de las palabras. El motor que nos provoca la comunicación. La segunda consonante es la alveolar silbante /s/ que atenúa el bullicio y el ruido y nos introduce en el silencio. Siempre después de la tempestad, viene la calma; lo mismo sucede con el momento posterior a un rato de risa, la relajación posterior es la cosa más agradable para los sentidos de la que uno puede disfrutar. Estas dos consonantes se apoyan en sus sendas vocales formando sílabas libres, una es de abertura mínima, vocal cerrada /i/ y la otra es de abertura máxima, vocal abierta /a/; indicando una progresión de intensidad en el orden de aparición. Van de lo cerrado a lo abierto, abierto que implica desde el punto de vista semántico un gran etcétera. Carece de vocales medias porque en la risa no hay medias tintas: o te ríes o no. Para indicar esa posición intermedia está su prima “sonrisa”, no en vano se trata de una palabra trisílaba, ¡a dónde va a parar!, mucho más lenta, enigmática y misteriosa que la palabra en cuestión, palabra bisílaba, directa, bien documentada, corta (como los nombres de los perros de caza, cortos y directos para que sean eficaces al ser llamados ante la presencia de una pieza próxima). La sonrisa con todas sus acepciones aparece reflejada en uno de las mejores obras de arte de la historia: La Gioconda o Mona Lisa de Leonardo da Vinci. ¿ironía, melancolía, tristeza, felicidad, provocación, hombre, mujer? Sin embargo tras la risa no es necesario imaginar nada, es tan relevante, tan clara, tan significativa, que no da lugar a ningún tipo de estudio o investigación. Es un término ambivalente, ya que el que provoca la risa es un ser inteligente, solo de la inteligencia surge la simpatía y el que se ríe y, mientras lo hace, se olvida de casi todo. La risa nos encamina a un mundo feliz, ausente de cualquier circunstancia negativa a la que diariamente tenemos que enfrentarnos.





La risa siempre es estrepitosa como el sonido que la introduce y también es generosa como la vocal que la cierra.





Ríamonos de y con todo y no nos limitemos a sonreír. Coloquémonos la chapa de la risa y dejemos la sonrisa para la simple cortesía.

lunes, 22 de noviembre de 2010

El silencio

Por Ángeles Álvarez Moralejo

El silencio es el recurso que más refleja la economía lingüística. Muchas son las situaciones en que esta actitud comunica más que toda la verborrea que podamos expresar con palabras. Ya lo dijo Diógenes “Callado es como se aprende a oír, oyendo es como se aprende a hablar, y hablando se aprende a callar”.

Bien es verdad que el tema del silencio va asociado a las diferentes culturas y dependiendo de cada una de ellas, tiene un significado diferente. En español, el dicho “El que calla, otorga” no podríamos aplicárselo, por ejemplo, a los japoneses; ya que si ellos callan no están aceptando tu respuesta necesariamente, sino que lo que están haciendo durante el tiempo que dura ese silencio es procesar tu propuesta a fin de que algo o alguien misterioso y superior le infunda cierta respuesta. Hasta entonces jamás sabrás si están de acuerdo o en desacuerdo. Por lo tanto en el silencio nipón puede haber aprobación o rechazo, pero nunca lo sabrás, excepto que necesites una respuesta activa e inmediata del tipo que sea.

Cuando somos niños una de las cosas que primero nos enseñan nuestras madres es aplicar aquello de que “en boca cerrada no entran moscas”, para contener los impulsos verbales de los niños que parlotean sin sentido y en situaciones inadecuadas, así aprendemos a hacer comentarios cuando realmente es relevante.

Últimamente cuando me topo con debates estúpidos de esos que abundan en algunos de los canales de TV observo que los que más hablan y gritan son los que menos información nos dan, es decir, los más ignorantes, a veces parece como si se escucharan a sí mismos, sintiéndose orgullosos de la demagogia que sueltan; sin embargo no transmiten nada. En cambio, cuando tenemos la suerte de escuchar a alguien con recursos culturales suficientes, es un placer para nuestros oídos escuchar su disertación, con el aplomo que lo hace, sin gritar, y nos damos cuenta de que con muy pocos enunciados nos informa de todo aquello que piensa y que nos interesa escuchar.

Mi padre, a pesar de no ser un hombre culto (debido a la época que le tocó vivir en plena meseta castellana), siempre nos decía que “no hay cosa más atrevida que la ignorancia”.

Pienso que en el silencio prudente está la bondad, la generosidad y la honradez. Hablar por hablar es tontería (como diría uno de nuestros actores cómicos); debemos hablar cuando realmente tengamos algo que transmitir, ser como la radio que siempre está callada excepto que la encendamos para enterarnos de noticias; de lo contrario debemos observar y callar. Ya lo dijo Martin Luther King “Lo que realmente me preocupa no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos”. Con el silencio podemos criticar, aprobar, rechazar, construir, discutir, debatir… mucho más que con el uso de miles de palabras enlazadas en frases inútiles y carentes de información. Quizás la clave esté, por lo tanto, en el silencio de los japoneses. Entre ellos no hay lugar a duda cuando lo practican, la incomprensión de ese silencio se origina en los que pertenecemos a la cultura del ruido.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Escapada troglodita

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Son muchas las formas de que disponemos a la hora de desconectar del mundanal ruido, como diría Fray Luis de León, pero los que soportamos el ruido infernal de una gran ciudad exprimimos al máximo el cerebro a fin de encontrar el silencio, la quietud, la naturaleza y el ambiente que en nada nos recuerde al que nos envuelve diariamente.


Este fin de semana lo he descubierto y he vuelto a casa plena de satisfacción ¿Por qué? Pues porque he estado en una zona nueva para mí, he descubierto paisajes que incluso la luna le tendría envidia por lo desnudo, ceniciento, seco y desolado; sin embargo no se trata de un plagio, pues todo esto estaba matizado con muchos colores, colores propios del otoño, época en la que estamos, ocres, rojizos, amarillos, verdes, etc. Todo ello me ha transportado a eso, a un lugar totalmente diferente. Por otro lado el contraste paisajístico en poco kilómetros es increíble. A esas montañas desnudas y arcillosas, salpicadas de cuevas trogloditas, con una vegetación pobre de retamas aisladas, podemos contemplar campos de olivos preñados de aceitunas, josas de árboles frutales, grandes y alineadas alamedas que presagian la riqueza acuática que las mantiene erguidas como lanzas hacia el cielo, fincas de encinares donde pacen tranquilamente los toros bravos, acequias naturales formadas por aguas que contienen tal riqueza de minerales que a lo largo del tiempo, debido al sedimento de los mismos, han formado verdaderas murallas rocosas, aguas termales que favorecen la instalación de balnearios a los que la gente acude a fin de aliviarse de sus problemas de salud… Y como vigilante perpetuo de todo esto y en el centro de la zona se alza Sierra Nevada, con sus dos picos más altos, el Veleta y el Mulhacén, cubiertos con un manto blanco de nieve como si se tratara de un ser supremo protegiendo toda la zona.


Para poder disfrutar de dicho ambiente nada mejor que pernoctar en una cueva troglodita, cuevas excavadas en las laderas de las cárcavas, de color rojizo provocado por el origen arcilloso del material que las forman. Pues bien, elegí el complejo llamado “Habitat troglodita Almagruz”. Se trata de un complejo de cuevas con doble origen: unas son milenarias, excavadas en las paredes verticales de la montaña y que son conocidas como “cuevas de acantilado” y otras de nueva creación que son las que alojan a los que de alguna manera buscamos emociones nuevas en nuestra forma de movernos a fin de conocer esta geografía que tanto y tan bueno ofrece a nuestros sentidos.


Al abandonar la autovía, entramos en un camino que nos anuncia que no vamos a un lugar normal, es un camino sin asfaltar que nos ascenderá al complejo. Ya arriba, el espectáculo es sorprendente: en forma de media luna hay una gran excavación en la colina, en semicírculo se nos presentan unas pequeñas fachadas pintadas de blanco que nos indican la ubicación de cada una de las cuevas. El centro está presidido por una gran piscina. Es una mezcla rara entro lo de antaño y lo de hoy, entre lo añejo y lo nuevo. Sobre las cuevas observamos una gran terraza donde se yerguen chimeneas blancas con forma fálica que nos indican el pasado oscuro de las cuevas más viejas, tal vez en alguna época fueran lugares secretos donde se realizaran actos no muy acordes con la moral del momento (todo esto, claro, no exento de su propia leyenda).


Al abrir la puerta de dos hojas que las protege, el panorama es sorprendente: una gran bóveda excavada en el seno de la montaña, bañada con un blanco manto de cal, casi cegador, se aparece ante tus ojos y lo contemplas con estupor. ¿Este es mi alojamiento? No, no puede ser, debe de haber algún malentendido. Vuelvo a recepción y me confirman que esa es la cueva donde podré alojarme. ¡Fantástico! – pienso.


Es un espacio diáfano con dos ventanas enrejadas que dan al exterior. A la derecha hay una especie de mostrador de madera rústica que separa a la cocina de la entrada, está totalmente equipada, no le falta nada. ¡Qué bien, podré cocinar! Mas adelante como excavado en el suelo, con un nivel por debajo, hay un foso cuadrado, que delimita la chimenea, rodeada de asientos con cojines para que la estancia sea más cálida todavía. Ya al fondo de este primer espacio está la mesa de comedor, bien puesta, vestida con manteles individuales de lino y vajilla de cerámica de la zona. Entro por un arco natural revestido con borde de ladrillo y a la derecha está el cuarto de baño, con suelo de pizarra y ducha romana, está separado del resto con una puerta. De frente otra puerta me introduce en el dormitorio con una gran cama en el centro. Muebles rústicos, luces indirectas, cerámicas, ropas, mobiliario, etc. todo totalmente acorde con el ambiente. En el techo de la bóveda principal, una especie de tragaluz permite que la cueva reciba luz del exterior, además podemos graduar la intensidad de luz que deseemos con un interruptor. La temperatura de la cueva, aunque también dispone de calefacción, viene a ser de unos 20 ó 22 grados, por lo que su estancia dentro de ella es agradabilísima.


En el exterior es una delicia salir y darte de frente con una perspectiva única: cárcavas rojizas, olivares, alamedas, más cárcavas, valles y al fondo las majestuosas cumbres de Sierra Nevada, todo ello bajo el azul intenso del cielo o un firmamento estrellado iluminado por una media luna. No tiene ningún desperdicio, sea de día o de noche.


Además de estas maravillosas cuevas, el complejo dispone de un Centro de Interpretación fantástico, en el que podemos apreciar los ciclos de la seda, del queso, de la matanza, del esparto, etc. También señalar la casa de labranza decorada a la manera de la época en la que se utilizaba.


En fín, es un lugar turístico-cultural para poder pasar un fin de semana diferente e interesante.


viernes, 5 de noviembre de 2010

Estado de ánimo

Por Ángeles Álvarez Moralejo

¿Quién podría ser el osado en escribir sobre un concepto del que todo el mundo depende como es el estado de ánimo, si no fuera un psiquiatra, un psicólogo o una persona depresiva?

Pienso que todos los demás somos unos profanos y atrevidos si nos dispusiéramos a hablar de semejante concepto. ¿Por qué? Pues porque pienso que el estado de ánimo sólo es discutible, analizable, capaz de ser estudiado e investigado en esas situaciones en las que aflora, que son los momentos en los que sufrimos por diferentes acontecimientos negativos que se nos van apareciendo a lo largo de nuestra vida.

Mantener un estado de ánimo positivo durante toda nuestra vida no es posible y si alguien lo consiguiera, viviría en un aburrimiento continuo. El ser humano necesita de emociones de muchos tipos, emociones que alteran esa paz interior de la que hablan algunos.

Estamos inmersos en la naturaleza, porque formamos parte de ella y como dice el refrán: “Después de la tempestad, viene la calma”. Todo está motivado por este binomio de antónimos: Tempestad-calma. De lo contrario viviríamos cantranatura. Si el mar estuviera siempre en calma o en tempestad, nos privaría de poder contemplarlo en toda su intensidad e, incluso, el mundo del arte se resentiría al no poder pintarlo, describirlo o fotografiarlo tal como es.

A lo largo de la historia nos encontramos con muchos momentos que surgen como contraposición a una etapa anterior. Pongamos como ejemplo el Renacimiento que aparece como algo necesario para dejar en el pasado a la Edad. Media. Surge la luz frente a la sombra (un nuevo binomio). El Renacimiento supuso un detonante a la hora de influir en el estado de ánimo del hombre. Surgió un hombre nuevo con horizontes nuevos, hombre que dejaría a un lado el oscurantismo y la espiritualidad medieval para iluminar la vida real y colocarse como centro del universo (Antropocentrismo), dejando atrás el Teocentrismo que había invadido la historia occidental hasta aquel momento.

Ante el dolor, la enfermedad, la pérdida de un ser querido, etc. debemos elevar nuestro estado de ánimo. Está comprobado que se supera todo si lo mantenemos álgido. ¿Cómo podemos superar este estado triste provocado por ciertas situaciones? Pues con voluntad, pero no individualmente, debemos dejarnos influir por nuestro alrededor. El espíritu positivo de la gente con la que convivimos, tiene que tener la capacidad de contagiarnos y ayudarnos a superar las barreras, solos será inútil. El estado de ánimo colectivo es capaz de mover montañas, contagia todo y a todos o si no que nos lo digan a los españoles cuando la selección de fútbol ganó la copa del mundo,

Hoy tengo el estado de ánimo bajo, pues he escuchado la noticia de qué apellido prevalecerá. Supongo que con tanta economía, acabaremos imitando a los americanos y no sólo con un único apellido, sino adquiriendo el de nuestro cónyuge. ¡Qué manera más simple de perder nuestra identidad! Mi primer apellido es muy común, sin embargo jamás lo cambiaría por otro: es el que me identifica genética e históricamente; si lo hiciera deshonraría a mi abuelo Félix.

La verdad es que no es el caso.

viernes, 1 de octubre de 2010

Vivir en un iglú

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Dice un proverbio esquimal: “Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón”

No sé cuál sería la forma de hacérselo llegar a todos aquellos, que abusando de la confianza de todo un pueblo democrático, hemos puesto nuestra confianza en ellos a fin de que nos provean de esos tres elementos tan fundamentales en la vida de toda persona cuyo derecho es vivir dignamente.

Hoy nos hemos despertado escuchando nuevas subidas de luz y gas, Antes nos sorprendíamos con tales medidas, ahora, en cambio, a base de la frecuencia con la que se nos dan, ya estamos acostumbrados y, como no nos queda otra, las aceptamos de tal forma que ya ni siquiera son objeto de comentario en los foros.

La paradoja es que sí tenemos calor y luz en la casa, pero ¿a qué precio? Al que le sale de los mismísimos a nuestros gobernantes, y de esta manera o lo tomas o lo dejas. Si no pagas, no lo disfrutas y pasas a vivir como lo hacían los cavernícolas. Claro que ellos eran más afortunados pues aprovechaban los recursos naturales, que les regalaba la madre naturaleza, y los aprovechaban hasta tal punto que, gracias a ellos, podemos disfrutarlos en la actualidad. Además nuestros antepasados desconocían esta tecnología que para nada la necesitaban, ya que lo que se desconoce no se echa de menos.

¿Qué hay de la paz en tu corazón? Pues más de lo mismo. Ya dice otro proverbio (ahora sí, castellano) “La danza sale de la panza”; si no tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas, malamente vamos a dormir tranquilos. Vivimos con la incertidumbre de cómo evolucionará todo esto y eso nos provoca desasosiego contínuo y hace que no seamos tan felices como mereceríamos.

Desde aquí apelo al Gobierno a que recapacite un poco sobre el estado de ánimo de los españoles, que salga de esa burbuja en la que pasa el tiempo y sea un poco más condescendiente con todos los que hemos hecho que disfrute del paraíso en el que vive. Es injusto que los demás tengamos que conformarnos con vivir en el infierno y, lo que es peor, dormir en un iglú durante el invierno que se nos avecina; claro que, a diferencia de los esquimales, tengamos que hacerlo gélidos y en penumbra.

Lo mejor de todo, sería que no dispusiéramos de televisión ¡Total, para lo que hay que ver!

lunes, 21 de junio de 2010

Hipótesis en el Mundial 2010

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Jamás renegaré a tomar un aperitivo en el espacio de tiempo que me queda entre el final de mis clases matutinas y vespertinas cada día. Y os preguntaréis ¿por qué? Pues es muy sencillo, porque todos los días aprendo algo independientemente del tema que ande pululando por los foros tabernícolas (de tabernas y no de otra cosa, aunque hay de todo un poco) de Madrid.
Evidentemente, al día de hoy, de lo que se habla es de fútbol, que para algo estamos participando, como ¿favoritos? en la Copa del Mundo; y más hoy en que La Roja se enfrenta a Honduras en su segundo encuentro en este campeonato, después de haber perdido con Suiza. Pues bien, los españoles sabemos más que nadie en esto de los resultados, supongo que influidos por esa prensa mediática que vaticina todo mejor que nadie, incluso que los entrenadores y técnicos, sin tener en cuenta el factor suerte, casualidad o arbitraje ( si no que se lo digan a Luis Fabiano con las dos manos que le permitieron meter su segundo gol ayer frente a Costa de Marfil y que, incluso el árbitro en imágenes patentes de la televisión, le reconoció con risitas), que es lo que, por lo visto, está determinando la clasificación de los grupos, al menos hasta el momento. Bien es verdad que debemos dejar fuera de este tema a nuestro vecino Portugal, que de una manera limpia le ha cascado 7 golazos, dejando KO. a los pobres norcoreanos ("Al perro cocoso todo son pulgas"). Ni ellos mismos, me refiero a los lusos, lo hubieran soñado en una de esas noches optimistas.
Los españoles utilizamos exclusivamente las estructuras condicionales, pero no hipotéticas, no; a nosotros nos interesa lo posible y contundente, que para algo la lengua nos da libertad de expresión. Los comentarios de hoy eran:
"Si España gana a Honduras..."
"Si España gana a Chile..."
"Si estas dos selecciones empataran..."
"Si España empatara con Honduras..."
"Si España empatara con Chile..."
"Si España perdiera con Chile..."
"Si España perdiera con Honduras..."
"Si España pasa primero o segundo de grupo..."
"Si...", "si...", "si..."
Estamos sentenciando con estas estructuras unos resultados, damos como posible los triunfos y como imposible los fracasos. No hay nadie como nosotros, ¡Ojalá tomara cuenta la selección francesa y se dejara de tanto mal rollo!
Lo único importante es que si España ganara los 6 partidos que tiene por delante en esta competición, podríamos guardar la Copa del Mundo en un lugar especial y seríamos, aunque fuera por un efímero espacio de tiempo, la envidia del mundo. Pero ¡Hay que jugar!

lunes, 5 de abril de 2010

Viacrucis en Año Santo a Galicia

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Cómo vamos a funcionar y salir del atolladero los españoles si aquellos que podrían echarnos una mano lo único que hacen es ponernos zancadillas?


El pasado día 25 de marzo, por una necesidad apremiante tuve que dejar todos mis quehaceres cotidianos (que son muchos) para desplazarme a Vigo desde Madrid; la razón es lo que menos importa, pues eso forma parte de mi intimidad y a nadie le importa el que una persona tome decisiones inesperadas en momentos de su vida para cubrir sus necesidades personales e intentar vivir con aquello que sea lo más acorde a sus propias convicciones. El caso es que, movida por mi objetivo, decidí sacar un billete para realizar el viaje propuesto. En primer lugar entré en Internet, pues disponía de muy poco tiempo, para conseguir un pasaje en avión, pero ¡pobre de mí! lo más económico que encontré era un billete que de haberlo sacado hubiera significado un grave problema económico para mi maltrecha economía. Desestimé el autobús pues se trataba de un viaje demasiado largo y además los horarios no se ajustaban a mis espectativas. Por lo que caí en la página de Renfe. ¡Qué bien! podría ir durmiendo durante toda la noche y aunque tendría que hacer un trayecto en autobús entre Zamora y Puebla de Sanabria, debido a un talud, provocado por la lluvia, que había dejado inútil un gran trayecto de vía, era mi única solución. Nadie me avisó al comprar el billete en Renfe de semajante suceso (eso está hecho con alevosía y premeditación por parte de la compañía férrea), sin embargo mis amigos que para algo están, me llamaron para prevenirme. Efectivamente en un pequeño recuadro, que hay que buscar con lupa después de peinar toda la página, había una nota informativa del suceso. De todas formas con el billete en la mano ya no había vuelta atrás, además debía llegar a Vigo. Tuve mala suerte porque aunque era un talgo-hotel (así lo llama Renfe) no había disponibilidad de litera, ni de coche-cama, por lo que tenía que viajar sentada y en clase turista.


Cuando subí al tren a las 22:00, gracias que había tomado un café con leche y comido un sandwich (algo anormal en una persona que no cena por lo general), pero parece ser que presentí lo que iba a suceder. Bien, pues cuando subí al tren con la intención de acomodarme lo mejor posible para pernoctar durante 7 u 8 horas, comprobé que me habían dado, una vez más, el billete menos deseado, es decir, una plaza de asientos encontrados y además en sentido contrario a la marcha del tren. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? -pensé. Ya estaba acomodada cuando llegó mi compañero de asiento. Lo había observado al entrar, al no quedarse fijas las puertas de los vagones, excepto que pulses el botón rojo, le costó sobremanera poder cruzarla con su maleta y dio varios trompicones; después cuando se acercó para sentarse, me di cuenta de que iba ebrio. Pensé ¡Vaya viajecito que me espera! Sin embargo lo peor estaba por llegar. Comenzamos a oír voces en el andén: era una pareja un poco extraña y surrealista a tope, formada por un hombre muy cuitado y una obesa mujer con acento ¿colombiano? Reñían, se insultaban, gritaban... Y se sentaron, después de mucho rato de intentar colocar su equipaje, frente a mí. Eran mis compañeros de viaje, yo sólo deseaba que me tragara la tierra, no obstante intenté calmarme y me levanté del asiento, comprobé que, afortunadamente, había plazas libres al final del vagón, por lo que en cuanto el tren comenzó a andar, me cambié de asiento. Pude conciliar el sueño, pero después de no sé cuanto tiempo se apagaron las luces del vagón y pensé: "¡Qué bien!, podré dormir hasta Vigo". No fue así. Algo sucedía que no era capaz de adivinar. Noté que el tren estaba parado y en mitad de la nada, no había ni una sola luz en el exterior. Me levanté, abrí la puerta del tren, encendí un cigarrillo, hacía un frío que pelaba. Nadie se movía, ni decía nada. La megafonía estaba muda, al igual que durante el resto del viaje. Por fin llegó el revisor y nos dijo escuetamente que había habido un accidente de dos trenes de mercancías que habían chocado, con una víctima. Le pregunté que dónde estábamos y me contestó que en Arévalo. El supervisor desapareció, la gente continuó durmiendo sin hacer comentario alguno y yo contagiada del ambiente caí en los brazos de Morfeo también. Después de 3 horas me despierto y me doy cuenta de que el tren comienza a andar de nuevo. "Bueno, -pensé- llegaré con retraso, pero llegaré". ¡Ilusa de mí!, el tren avanzaba pero en sentido contrario ¿A dónde vamos? Nadie contestó. Más tarde el revisor volvió por nuestro vagón y nos dijo que íbamos a Ávila y que allí nos evacuarían en autobuses hasta León. Llegamos a Ávila a las 6:00 de la mañana del día 26 de marzo. ¿Cómo se pueden tardar tres horas en unos 90 Km? Nadie nos explicó nada. Seguía el silencio más absoluto en lo que se refiere a cualquier tipo de información relevante para los intereses de los pasajeros. Subimos en los autobuses, pero para nuestra sorpresa no íbamos a León, sino que, según informaciones de última hora, íbamos a Valladolid. No todos tuvimos la suerte de encontrar un asiento en los autobuses, mucha gente se quedó en tierra por la falta de previsión de renfe. ¿Cómo una compañía tan importante de transportes no tienen información sobre el pasaje que transporta? Al llegar a Valladolid, todo era un caos informativo, nadie sabía nada y volvieron locos a los pasajeros para que cada uno se apañara para encontrar su coche y plaza en el tren que tenían estacionado en la vía. Tuve que recorrer con mi mochila (gracias que no llevaba una maleta, como la mayor parte de la gente) el andén completo para encontrar la composición de los vagones que iban para Vigo, pues el tren llevaba tres composiciones: La Coruña - Ferrol - Vigo. No fui yo la mayor víctima, me dio mucha pena la cantidad de personas mayores que pululaban de un lado para otro cargadísimos y aturdidos sin que nadie les echara una mano ¡De pena!

El tren no salía y a pesar de las preguntas que todo el mundo hacía, nadie informaba de nada. Por fín, después de una hora y media, se llenó el vagón. En ese momento salí de dudas: habíamos tenido que esperar a las personas que se habían quedado sin bus en Ávila. Salimos de Valladolid a las 9:30 de la mañana. Fui directamente a la cafetería, creyendo que al ser un tren nuevo, ésta estaría equipada y con todo lo necesario, al menos, para desayunar; pero no había nada más que dos donuts, dos toblerones y un paquete de galletitas "Oreo". Tuve suerte porque al llegar la primera pude elegir. Más tarde compartí las galletas con otras personas que no habían sido tan afortunadas como yo. Renfe ya no sólo no había repuesto la cafetería, ni siquiera había limpiado el tren que estaba sucísimo: los baños, intransitables y las papeleras, llenas de restos del viaje anterior. La gente necesitaba desayunar algo después de una noche tan ajetreada, pero a Renfe eso no le importa demasiado.

Partimos de Valladolid, vía León, Astorga, Ponferrada, El Barco, La Rua, Monforte de Lemos, ¡qué se yo el rosario de estaciones que pasamos!. El tren debía parar cuando tenía que cruzarse con otro convoy que circulaba a su debido tiempo, pues nuestro tren iba en vías prestadas sin hora. A las 12:30 nos dieron dos madalenas y un zumo, que la gente devoró rápidamente.

Por fín a las 16:30 horas llegamos a Orense. Bajaron muchas personas y cuando el tren continúa hasta Vigo, nos dan un bocadillo de chorizo (a los más afortunados, les tocó de jamón) y una botella de agua. Claro Renfe no se podía permitir el lujo de dar un bocadillo a todo el pasaje del tren, tuvo que esperar a apear pasajeros en Orense para que le llegara el presupuesto y sólo dar comida a los que seguíamos a Vigo, el número se había reducido ostensiblemente.

A las 18:00 horas del viernes llegué a Vigo. Cansada, rota y rabiosa por haber pasado más de 20 horas dentro de un tren. Cumplí mi objetivo, pero ¡quién puede pagarme el trastorno ocasionado con tan accidentado viaje!

Pasé por la Oficina de atención al cliente y muy amablemente me dijeron que me devolverían el dinero del viaje. Muchas gracias, Renfe, por el detalle: Métetelo por donde te quepa, más vale que pienses en el daño que has causado a tantos cientos de personas.

Ante este tipo de situacíones siempre te quedas con el pataleo, sin embargo acepté dicho viajecito como el Viacrucis del Viernes de Dolores, por tierras gallegas, ¿dónde si no mejor? Estamos en Año Santo.

martes, 27 de octubre de 2009

Cubitano-Vinatero

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Os habéis parado a pensar que cuando hablamos cometemos algunos vulgarismos o errores que lo hacemos sin darnos cuenta? Pues sí. Pero, esto no es malo, ni lo que pretendo con esto es criticar la forma de hablar de nuestro pueblo (Cubo del Vino), ya que forma un rasgo distintivo de nuestra localidad y nos hace más auténticos. Sucede, de manera involuntaria por nuestra parte, por el abandono al que ha estado y está sometida nuestra zona por parte de la Administración pública, a quien no le interesa nuestro nivel cultural, sólo tienen un interés electoral; sin embargo no somos las únicas víctimas, son muchos los pueblos españoles que sufren la misma lacra, y nos conformamos porque ”mal de muchos, consuelo de todos (o tontos)”.
Después de prestar un poco de atención a las conversaciones cotidianas a las que nos enfrentamos todos los días y que por lo tanto nos resultan familiares, me he atrevido a transcribir alguna para que os deis cuenta de los errores lingüísticos que cometemos. Probablemente os parezca exagerado, pero os aseguro que son palabras elegidas y escogidas de entre nuestros vecinos:
- María ¿Ande vas? (a dónde vas). ¿A ponerte la indición (inyección)?
- No, voy a la tienda a por bayonesa (por mayonesa/ mahonesa) para la ensaladilla.
- Pues yo hoy he estado haciendo cocretas (croquetas), algo ligero porque con eso del conesterol (colesterol) no sabe uno qué comer.
- ¡No creas, que es un poblema (problema)! A mí ahora me ha dicho el médico que tengo diabetis (diabetes)
- Todos tenemos algo, mira yo entre las almorroides (almorranas), la reúma (el reúma) y la atrosis (artrosis) tengo entumido (entumecido) todo el cuerpo.
- Pues ayer vi un pograma (programa) en la tele que hablaba de eso y decía que te se (se te) duermen las piernas y los brazos.
- Sí, yo también tengo un planfeto (panfleto) informativo que me trajon (trajeron) mis hijos y dice lo mismo. La humedad me va muy mal, hoy estoy que no puedo con mi cuerpo después de la trompa (tromba) de agua que cayó ayer.
- ¡Qué le vamos a hacer! ¿Habrá que conformarse con lo que Dios nos mande! Hay cosas peores.
- Sí, mira el hijo de la vecina que es drogadito (drogadicto) Y ¡qué malito está últimamente! Dice que todos los días tiene que tomar no sé cuántas cláusulas (cápsulas) ¡Pobre, lo que estará pasando su madre, con lo que es!
- Ahora dice que se ha comprado una amoto (moto) y tiene miedo de que algún día le pase algo, porque no tiene la cabeza como debería. No creas, que eso son poblemas y no otros.
- ¿De qué nos quejaremos? Fíjate su hermano con lo del paralís (parálisis)
- Desde luego hay familias desgraciadas. ¡Qué le vamos a hacer!
- ¡Que Dios nos dé salud!
- Bueno, te dejo porque me se (se me) queman las lentejas.
También tenemos expresiones propias y únicas en nuestro pueblo que configuran parte de nuestra idiosincrasia, se trata de localismos que se han formado en nuestra jerga con diferentes orígenes, bien por el nombre de determinadas zonas de nuestro término:"Irse para Pimpanilla" (morirse) o "Ser como los pájaros de la Vega" ( no hacer caso, no obedecer). O bien por actitudes u ocurrencias de determinados habitantes que han vivido en nuestro pueblo: "Pasar más hambre que los pavos de Manolo", "La medida del tío Valerio" o "Ser de la tía Pelicana", unos de uso general y otros, a veces, de uso estrictamente familiar.
Pero lo que sin duda nos diferencia más de todo el mundo es nuestro gentilicio. Nos llamamos CUBITANO-VINATEROS, de esto sí que debemos sentirnos orgullosos, pocos son los lugares que tienen un nombre tan culto. ¡Paradojas de la vida!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¡Qué le vamos a hacer!

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Creo que hay ciertas expresiones en la lengua que deberíamos hacer desaparecer de un zarpazo. Expresiones que son de lo más usado entre la mayor parte de hablantes y cuya frecuencia podría acabar con la paciencia, incluso de los propios protagonistas.
Aludiendo a otras expresiones: “No hay mal que cien años dure”, “Dios proveerá”, “Vendrán tiempos mejores”, etc. que a diferencia de la del título, que la usamos para aceptar resignadamente lo que la vida nos trae, estas nos ayudan a expresar la esperanza estúpida de que lo que nos está sucediendo pasará pronto y tendremos una recompensa, pero ¿qué recompensa? Si nunca levantamos cabeza en este “valle de lágrimas” como dice la Biblia. En cualquiera de los casos no lo entiendo. Parece que a tu alrededor vienen épocas negativas, frustrantes, tristes, preocupantes… que afectan a todos los órdenes del ser humano y que no sólo te afectan a ti, sino que involucran a gran parte de las personas que te rodean y que comparten, de una forma u otra, tu vida. Épocas de problemas, enfermedades e, incluso, muertes de seres queridos. Sin embargo, hay otras en las que todo va sobre ruedas y parece que los males del mundo no van contigo, sino que es cosa de los otros.
Siendo partícipe del agnosticismo, tengo que mencionar por segunda vez el libro sagrado y referirme a esa época de vacas gordas y vacas flacas de la que habla; parece que una vez tiene tristemente razón. Son etapas de 7 años, según el libro, pero cuando vuelvo atrás en mi pasado y contemplo el presente tengo que reconocer que, al menos, en mi caso, hay mucha verdad en todo eso. No sé si son exactamente 7 años, pero son etapas aproximadas en las que parece que todo se pone patas arriba o camina sobre ruedas. Actualmente estoy viviendo una de las primeras, sin embargo me resisto a decir ¡Qué le vamos a hacer! La única solución que veo en todo esto es intentar tirar del pellejo como podamos y no hay otra.

martes, 18 de agosto de 2009

Un sueño hecho realidad

Por Ángeles Álvarez Moralejo

¡Quién iba a decirme a mí hace la friolera de más de 24 años que me dedicaría a este quehacer de enseñar español a extranjeros! Cualquiera que hubiera osado en aquel momento comentar semejante "sinrazón" lo hubiera tachado de loco. Sin embargo los avatares de la vida te llevan, a veces, a configurar un destino irrevocable, no por ello peor que otras opciones.

Pues bien, en mis primeras lecciones como profesora experimenté el hecho de cocinar en casa de mis alumnas, pues allí era donde les daba la clase al carecer de lugar propio e, incluso, de identidad. Hispania Estudio-2 nació mucho después, cuando ya había pateado toda esta inmensa ciudad de norte a sur y de este a oeste, que era donde vivían diseminados mis estudiantes.

En cuanto los estudiantes aprendían a saludar, ubicar las cosas y tener nociones de cómo se conjugaba el tiempo presente, diccionario en mano que les ayudara, comenzaban a proponerme que les enseñara a hacer una tortilla de patatas, una paella, albóndigas, croquetas, gazpacho, sopa de ajo o cualquier plato que resultara comestible. Bien poco sabía yo entonces de cocina, pero tampoco, mucho de enseñar español, pues cuando sales de la universidad el tema pedagógico brilla por su ausencia. Sin embargo, igual que me atreví a enseñarles los primeros pasos en esto de la lengua, también lo hice con la cocina. Tengo que decir que muchas fueron las llamadas que hice a mi santa madre para que me diera una receta de las suyas.

¿En qué consistía la clase de cocina? Pues, en eso, en hacer un plato (el que tocara o el que propusiera el alumno en cuestión) delante del estudiante y entre fogones nos poníamos él y yo manos a la obra con sendos mandilones.

Me di cuenta de que aquello había sido un acierto, pues mis alumnas de entonces eran jóvenes casadas con ejecutivos japoneses que venían a España, obligadas por el destino que las empresas otorgaban a sus maridos y estaban condenadas a permanecer presas en sus domicilios, debido, principalmente, a no poder articular ni una palabra en español.

Cuando teníamos clase de cocina el día anterior les escribía una lista de cosas que tenían que comprar. Así se veían obligadas a ir al mercado y pedir 100 gr. de gambas, 250 gr. de pollo troceado, un cuarto de almejas, una rodaja de congrio abierto o de rape, etc. Claro está que con la hojita en mano iban dando cuenta de la lista al pescadero, carnicero, pollero, verdulero, etc. Con esta acción ellas comenzaban a romper el silencio que las esclavizaba en España, al menos durante las primeras semanas.

Ya en la cocina aprendían rápidamente tanto el nombre de los útiles de cocina, como de los ingredientes y productos usados para el plato a preparar; sin olvidar el significado de una ingente lista de verbos que se usan para tal menester culinario: hervir, cocer, batir, rehogar, freír, asar, escurrir, secar, picar, cortar, trocear, lavar, fregar, etc. etc. Expresiones del tipo "al vapor", " al horno", "a la plancha", "a fuego lento/rápido", etc.

Todo esto acabó cuando, con ayuda de la diosa Fortuna, decidí seguir enseñando español, pero en una escuela. Aquí no había cocina ¡qué pena! incluso algunas de aquellas mis primeras alumnas, a veces, me pedían que les hiciera albóndigas o croquetas, aprovechando los fines de semana.

Después de casi 20 años, en los que también les he explicado muchas recetas de manera teórica en clase y viendo la ilusión que les haría poder aprender a hacer todos eso platos típicos de nuestra cocina española "in situ", hemos decidido crear un aula-cocina con el nombre de Cocina Estudio-2.

No será una clase de cocina al uso, sino que deseamos que sea una clase de cultura gastronómica en la que los participantes podrán aprender muchas más cosas que exclusivamente cocinar. Contemplaremos el estudio de los productos, el clima y la geografía, además de su cultivo. Maridaremos los platos con los vinos adecuados y los cataremos. Aprenderemos, incluso, a poner una mesa dependiendo de las situaciones.

Aquel sueño se ha hecho realidad y gracias a aquellas alumnas no sólo aprendí a enseñar español sino también a cocinar, pero ahora queda un deseo: el de que salga todo como esperamos, para ello sólo necesitamos una cosa: participación y confianza en nuestro proyecto.