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jueves, 11 de septiembre de 2014

RIZAR EL RIZO

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Ha llegado el momento de renovar la marca de esa pequeña empresa en la que me muevo desde hace 24 años. Bien, me pongo manos a la obra y para gestionarlo rápidamente, llamo a la oficina de Patentes y Marcas, por supuesto que solo pude ponerme en contacto con ellos a través de un número 900, a fin de que desde el primer momento empiece a tener gastos añadidos, cuando debería ser gratuito.
Me dicen que si lo  hago a través de su página web me descuentan un 15%. Claro, con los tiempos que corren hasta les doy las gracias. Ingenua de mí pienso: “No tendré que perder una mañana entera en horario laboral para desplazarme a la oficina de Patentes y Marcas, que me queda a desmano, la verdad” “Me descuentan el 15%” “Además podré hacerlo tranquilamente desde mi ordenador” “¿Qué más puedo pedir?” A todo esto añado una reflexión: “Para que luego digan que la Admón. no funciona. ¡Es increíble cómo facilitan la gestión al contribuyente!”
Cuando mi actividad me lo permite, me pongo delante del ordenador, contenta, y entro en su web.
1.  Renovación de marca
2.  Individual
3.  Descargar formulario.
¡Fantástico! Esto va sobre ruedas. Sin embargo la alegría del pobre dura poco y justamente aquí empieza el calvario. Dicho formulario no está disponible, con un mensaje en inglés me dicen que necesito la última versión de Adobe Acrobat. Cierro todas las ventanas que tengo abiertas y actualizo el Adobe. Vuelvo al formulario y ¡nada! que no se descarga, igual que la primera vez. Lo intento cientos de veces, pero no hay posibilidad alguna de disponer del maldito formulario.
Me pongo en contacto con ellos vía e-mail, porque eso sí, facilitan una dirección de correo electrónico para cualquier contratiempo. Me contestan al día siguiente, explicándome que mi mensaje se ha reenviado a la oficina de los técnicos que pueden echarme una mano. Me comentan que tengo que entrar en la página a través de Internet Explorer, que no lo haga con Chrome. Bueno, pues vamos allá. Lo intenté con Explorer, pero sigue dándome el mismo error, el dichoso formulario no se carga.
Llegado este punto, empieza a entrarme la desesperación. Vuelvo a escribirle y me dicen que el formulario tengo que abrirlo con el Adobe. Bien, un paso más –pienso- y me tranquilizo. Tengo que decir que una de mis cualidades es la paciencia, pero no veo otra forma de enfrentarse a estos aparatos de los que dependemos.
Lo abro con el Adobe y lo relleno con todos los datos que me piden, pero no hay manera de enviarlo ¿Dónde está el enlace de “envío”?. Vuelvo a escribirles pidiéndoles que me digan cómo puedo enviar el formulario y me envían la “guía del usuario” para que la lea y me entere de una vez. Y digo yo ¿Por qué no me la enviaron en el primer mensaje?
Sigo todos los pasos, relleno mil veces el formulario, pero seguimos igual ¿Qué puedo hacer?
A todo esto, me quedan unas horas para que mi suscripción se termine. No   me pongo nerviosa sino que ya me subo por las paredes.
Los llamo de nuevo por teléfono y me lo solucionan diciendo que entre en la web y abra la “ventanilla virtual” y siga los pasos que me van indicando. Pero ¿Dónde está la ventanilla virtual? 
Por fin y ya armada de valor y necesidad por renovar la marca de mi empresa, a base de echarle tardes enteras a la gestión de la misma, pude enviar el formulario.
¡Ah! ¿Qué cómo lo conseguí? Pues tenía que guardar el formulario en mi disco duro ¿a quién se le ocurre tal memez? Después volver a entrar en la web de Marcas. Adjuntar el formulario. Esperar a que me enviaran un código vía e-mail. Seguir con el tema del pago y finalmente había que darle al botón de “Volver”, no “finalizar” ¿Cómo pueden ser tan obtusos los que se dedican a estos menesteres de la informática?
Y yo me pregunto que esto nos pasa a gente que a pesar de no ser muy duchos en esto de Internet, al menos tenemos algún conocimiento a nivel usuario. ¿Cómo podrá renovar la Marca, pongamos por ejemplo sin que nadie se ofenda, el tío Genaro que regenta una frutería de supervivencia en un pequeño pueblo perdido de Extremadura?
Señores administradores del Estado, sean más generosos con quienes contribuimos a que se lleven en crudo los supersalarios de que disfrutan mensualmente.

 Son ganas de rizar el rizo. ¡En fin, vivir para ver!

jueves, 24 de enero de 2013

"TENGO UN DOLOR QUE NO DUELE"

Por Ángeles Álvarez Moralejo



Viviendo como estamos en la época de la tecnología y el avance, ¿Quién le iba a decir a Santa Teresa de Jesús que en pleno siglo XXI le iba a salir un fuerte competidor a la hora de crear paradojas?
Ayer en el encuentro que tuvo el Real Madrid con el Valencia, en un choque con su compañero de equipo Arbeloa, Casillas, nuestro admirado y querido guardamenta se lesionó un dedo y tuvo que ser sustituido, una vez más, por Adán. Parece que tiene, últimamente, la negra; pues cuando no es por alguna decisión estúpida de su entrenador que decide, “sin comérselo ni bebérselo”, dejarlo en el banquillo, (¿a santo de qué?), pues es por una lesión. Pensaba que Casillas era intocable, inmune e invulnerable, ya que jamás, que yo recuerde, ha estado lesionado, sin embargo ayer le tocó.
Muchas son sus cualidades tanto personal como profesionalmente, sin embargo jamás pensé que pudiera hacerle competencia a la mismísima Santa en eso de las paradojas (¡Siempre sorprendiéndonos, querido!). En una entrevista posterior al partido, soltó: “Tengo un dolor que no duele” ¡Bravo, Casillas! Ojalá se le hubiera ocurrido a la de Ávila y no nos hubiera dejado esa frase prototípica y manida de la paradoja: “Vivo sin vivir en mí, y tan larga vida espero, que muero porque no muero”
Estoy segura de que después de esto, la frase de la Santa quedará en el olvido y en todos los libros de textos escolares aparecerá la de Casillas, no en vano es mucho más famoso o si no que se lo pregunten a los niños. Jamás van a olvidar lo que es una paradoja bien hecha.
Ahora entiendo porque para todos es San Casillas.
Casillas, ese dolor que no te duele nos duele a todos ¡Y mucho!

viernes, 18 de marzo de 2011

Solidaridad con Japón

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Ya han pasado 8 días desde que la naturaleza, en un ataque de furia incontenida, se cebó con Japón. Ellos que basan, según su mitología, la causa de los terremotos en el enfado de un gran pez sobre el que se basan los cimientos de su país, parece como si en esta ocasión no se hubiera tratado simplemente de ese gran pez, sino de un ser mitológico y legendario que hubiera soltado un coletazo inconcebible sobre un pueblo que lo que tiene lo ha conseguido a base de esfuerzo y sacrificio.
Tres han sido, y no una sola, las grandes catástrofes acaecidas el pasado día 11 de marzo, fecha que será inolvidable para todo el pueblo japonés, con el que nos solidarizamos también por causa de esa fatídica fecha. 
Ya hay dos 11M. Tres catástrofes que responden a los tres estados físicos de algunos elementos: El solido representado por un terremoto de intensidad 9 en la escala de Ritcher; el líquido, en una inmensa ola, que provocó un tsunami jamás antes conocido; y el gaseoso, en la central nuclear de Fukushima. A todo lo cual debemos añadir ese estado entre sólido y líquido de la nieve que cubre la zona más afectada y que cubre de blanco el desastre provocado por el tsunami, para que no resulte tan siniestro.
¿Puede la naturaleza humana soportar tanta tragedia? Pienso que solamente los japoneses están preparados y educados para ello. No quiero ni pensar en la actitud de cualquier otro pueblo en la misma situación. Ellos nos han sorprendido con su actitud disciplinada, silenciosa y estoica con que están afrontando la tragedia que están viviendo. Supongo que el resto del mundo deberíamos aprender algo de este pueblo bastante desconocido en Occidente, pero que, partiendo de una desgracia desmesurada, nos están dando una gran lección a todos de cómo enfrentarnos a momentos difíciles.
Dada mi conexión con Japón, me siento muy triste y preocupada por tanta gente que conozco, pero de la que no tengo noticias. A todos los que les pueda llegar mi mensaje, y también a los que no, sólo quiero enviarles un mensaje de esperanza en que sus técnicos, responsables, gobierno y voluntarios puedan solucionar su problema pronto y todo vuelva a la calma, sólo así y todos juntos podrán llorar a sus muertos y reconstruir un país zarandeado de manera tan brutal por la naturaleza. 
Expresar, al mismo tiempo mi solidaridad con todos y decirles que la única arma que tenemos desde la distancia es la de pedir a Dios que les eche una mano. Así lo hacemos todos los días, esperamos que nuestras oraciones den su fruto.

lunes, 17 de enero de 2011

Por Ángeles Álvarez Moralejo


La última noche que pasé contigo



…quisiera olvidarla pero no he podido, a pesar de que lo intento; pero es tal la simbiosis que mantenemos de toda una vida juntos que es imposible dar un zarpazo y ¡zas! Vida nueva (eso es algo exclusivo de los magos). ¡Son tantos los momentos, los gestos, los ambientes, los movimientos, los viajes, los días, las noches, las madrugadas… que hemos pasado juntos!


Era el día 31 de diciembre de 2010, mejor dicho, la madrugada del día 1 de enero de 2011, pero no importaba ya que aun habría 24 horas más para disfrutar de la vida juntos. Sin embargo llegó el momento y con un ademán inconsciente, pero típico de toda una vida contigo, al tomar el vermú, eché mano al bolso con la intención de sacarte para que lo compartieras conmigo, pero una voz a mi espalda, que estaba ojo avizor, me gritó: ¡No lo hagas!, ya sabes lo de la ley de la Leire Pajín, ahora tienes que salir a la calle, pues todo es espacio sin humo. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que estaba a punto de comenzar una nueva vida, que ya había un antes y un después, que debería adaptarme a nuevas situaciones, olvidar el pasado y abrirme a ese cambio al que, bajo una prohibición absoluta, nos ha sometido este gobierno socialista y ¿democrático?, a fin de contribuir a una más saludable sociedad.


Estaría totalmente de acuerdo con la ley si se hubiera pensado un poco en la libertad también de los que estamos esclavizados con semejante vicio.


Mi reflexión viene condicionada por varias preguntas: ¿Por qué ha aumentado el número de dispensarios de máquinas expendedoras de tabaco? ¿Por qué no han habilitado locales para fumadores y no fumadores? ¿Por qué no se colocan ceniceros en las calles, lugar exclusivo para poder echar humo? ¿Por qué tenemos que ser doblemente víctimas? Víctimas por perjudicarnos voluntariamente; victimas por tener que gastar parte de nuestros honorarios en semejante producto; víctimas por el salvaje impuesto que debemos soportar (como si no tuviéramos ya pocos); víctimas porque en invierno seremos más proclives a coger pulmonías en plena calle con las heladas que arrean en este país; víctimas porque poco a poco seremos mal mirados y se nos calificará de apestosos; víctimas porque la consumición en las terrazas tienen un considerable incremento de precio; víctimas porque será fácil localizarnos apiñados a las puertas de los locales para todos aquellos “gorrones” que siguen fumando pero que se han propuesto no comprar tabaco, con los que tendremos que aplicar la solidaridad… Además, cuando el tiempo sea tan bonacible que se llenen las terrazas, molestaremos también a los no fumadores y comenzará la guerra.


Y muchos me diréis, pues ¡deja de fumar! y yo os digo, lo dejaré cuando me salga de la punta del moño, porque no hay cosa más abominable que una prohibición. Nadie tiene derecho a prohibir de una manera tan tajante nada a nadie.


Hasta el momento hemos dado un ejemplo de civismo, pues a excepción de algunos altercados aislados, todos hemos aceptado las nuevas normas y respetamos esos espacios sin humo.


Pero bueno, todo no va a ser tan nefasto como pinta, pues gracias a dicha ley podremos hacer diariamente “cigarrones” a la puerta de los locales, lo que nos facilitará la relación social, tan escasa en los últimos tiempos y más en las grandes ciudades y esto conllevará a un incremento considerable de conocidos y amistades. Por todo ello podríamos aplicar de nuevo otro de los sabios refranes castellanos que tanta razón tienen: “No hay mal que por bien no venga"


En fin, aquí "el que no se consuela es porque no quiere".

martes, 14 de diciembre de 2010

11 de julio, fiesta Nacional

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Cuando está terminando el año de la "Edad de Oro" del deporte español, a pesar de todos los comentarios y dudas que hay sobre nuestros atletas y aprovechando que vivimos en un país cada vez más anticlerical y aconfesional, no supondría ningún cisma declarar el día 11 de julio como fiesta nacional. ¿Por qué seguir imponiendo nuestras fiestas religiosas? No tiene mucho sentido, lo que la gente defiende ahora, a ultranza, son ciertos acontecimientos que aúnan a la mayoría de la gente bajo un único lema. En el caso del pasado 11 de julio (poco más de San Fermín), el lema fue: "Yo soy español". Pienso que esta es la nueva religión, pues es en lo que cree todo el mundo y lo que hace que la gente viva más feliz y olvide sus problemas cotidianos, que no son exclusivos, sino que todos somos víctimas de los mismos. El fútbol es una filosofía de vida que agrupa a todo tipo de personas, de diferentes edades, países, religiones, lenguas, profesiones, culturas... Pues bien, admitamos estos eventos como algo tan importante como para dedicarles un día. El santoral ya está demasiado lleno.
Yo propongo a aquellos que tengan la fuerza suficiente para poder hacer algo al respecto, que impongan el 11 de julio como el día del "Orgullo nacional". ¿Cómo podría celebrarse? Pues como cualquier fiesta: con conciertos de música, en los que se cantaran todas aquellas canciones que de alguna manera evocaran a nuestro país; con concursos literarios (aquí se me va la pinza, por defecto) para ver si de una vez por todas algún avezado poeta o cantautor es capaz de escribir la letra más digna para nuestro himno nacional y evitar que nuestros deportistas parezcan muñecos de guiñol cuando lo escuchan; con exposiciones de fotografías, bufandas, camisetas, vuvucelas, gorros y otros enseres decorativos y todos aquellos objetos que recuerden al feliz día en que "La Roja" ganó la copa del mundo; con manifestaciones en la calle que volvieran a reproducir esa marea roja que cautivó a medio mundo ( o a todo el Planeta); engalanando nuestras casas, parques, balcones y plazas con nuestra bandera e indultando de todas las cartas de los restaurantes (sólo por un día, más sería inaceptable) los platos que contengan ese cepalópodo que auguró nuestro triunfo.
Que ese día quedara para siempre como el día en que 23 santos varones nos dieron la mayor felicidad, que alguien puede alcanzar en su vida, a más de 44 millones de españoles. Ellos pasarían a formar parte del santoral. Tal vez, incluso el Vaticano estuviera de acuerdo y colocara el tema sobre el tapete de la mesa papal, a pesar de que la unión hace la fuerza, no creo que sea posible; sin embargo, por falta de ganas, que no quede.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Estado de ánimo

Por Ángeles Álvarez Moralejo

¿Quién podría ser el osado en escribir sobre un concepto del que todo el mundo depende como es el estado de ánimo, si no fuera un psiquiatra, un psicólogo o una persona depresiva?

Pienso que todos los demás somos unos profanos y atrevidos si nos dispusiéramos a hablar de semejante concepto. ¿Por qué? Pues porque pienso que el estado de ánimo sólo es discutible, analizable, capaz de ser estudiado e investigado en esas situaciones en las que aflora, que son los momentos en los que sufrimos por diferentes acontecimientos negativos que se nos van apareciendo a lo largo de nuestra vida.

Mantener un estado de ánimo positivo durante toda nuestra vida no es posible y si alguien lo consiguiera, viviría en un aburrimiento continuo. El ser humano necesita de emociones de muchos tipos, emociones que alteran esa paz interior de la que hablan algunos.

Estamos inmersos en la naturaleza, porque formamos parte de ella y como dice el refrán: “Después de la tempestad, viene la calma”. Todo está motivado por este binomio de antónimos: Tempestad-calma. De lo contrario viviríamos cantranatura. Si el mar estuviera siempre en calma o en tempestad, nos privaría de poder contemplarlo en toda su intensidad e, incluso, el mundo del arte se resentiría al no poder pintarlo, describirlo o fotografiarlo tal como es.

A lo largo de la historia nos encontramos con muchos momentos que surgen como contraposición a una etapa anterior. Pongamos como ejemplo el Renacimiento que aparece como algo necesario para dejar en el pasado a la Edad. Media. Surge la luz frente a la sombra (un nuevo binomio). El Renacimiento supuso un detonante a la hora de influir en el estado de ánimo del hombre. Surgió un hombre nuevo con horizontes nuevos, hombre que dejaría a un lado el oscurantismo y la espiritualidad medieval para iluminar la vida real y colocarse como centro del universo (Antropocentrismo), dejando atrás el Teocentrismo que había invadido la historia occidental hasta aquel momento.

Ante el dolor, la enfermedad, la pérdida de un ser querido, etc. debemos elevar nuestro estado de ánimo. Está comprobado que se supera todo si lo mantenemos álgido. ¿Cómo podemos superar este estado triste provocado por ciertas situaciones? Pues con voluntad, pero no individualmente, debemos dejarnos influir por nuestro alrededor. El espíritu positivo de la gente con la que convivimos, tiene que tener la capacidad de contagiarnos y ayudarnos a superar las barreras, solos será inútil. El estado de ánimo colectivo es capaz de mover montañas, contagia todo y a todos o si no que nos lo digan a los españoles cuando la selección de fútbol ganó la copa del mundo,

Hoy tengo el estado de ánimo bajo, pues he escuchado la noticia de qué apellido prevalecerá. Supongo que con tanta economía, acabaremos imitando a los americanos y no sólo con un único apellido, sino adquiriendo el de nuestro cónyuge. ¡Qué manera más simple de perder nuestra identidad! Mi primer apellido es muy común, sin embargo jamás lo cambiaría por otro: es el que me identifica genética e históricamente; si lo hiciera deshonraría a mi abuelo Félix.

La verdad es que no es el caso.

viernes, 1 de octubre de 2010

Vivir en un iglú

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Dice un proverbio esquimal: “Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón”

No sé cuál sería la forma de hacérselo llegar a todos aquellos, que abusando de la confianza de todo un pueblo democrático, hemos puesto nuestra confianza en ellos a fin de que nos provean de esos tres elementos tan fundamentales en la vida de toda persona cuyo derecho es vivir dignamente.

Hoy nos hemos despertado escuchando nuevas subidas de luz y gas, Antes nos sorprendíamos con tales medidas, ahora, en cambio, a base de la frecuencia con la que se nos dan, ya estamos acostumbrados y, como no nos queda otra, las aceptamos de tal forma que ya ni siquiera son objeto de comentario en los foros.

La paradoja es que sí tenemos calor y luz en la casa, pero ¿a qué precio? Al que le sale de los mismísimos a nuestros gobernantes, y de esta manera o lo tomas o lo dejas. Si no pagas, no lo disfrutas y pasas a vivir como lo hacían los cavernícolas. Claro que ellos eran más afortunados pues aprovechaban los recursos naturales, que les regalaba la madre naturaleza, y los aprovechaban hasta tal punto que, gracias a ellos, podemos disfrutarlos en la actualidad. Además nuestros antepasados desconocían esta tecnología que para nada la necesitaban, ya que lo que se desconoce no se echa de menos.

¿Qué hay de la paz en tu corazón? Pues más de lo mismo. Ya dice otro proverbio (ahora sí, castellano) “La danza sale de la panza”; si no tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas, malamente vamos a dormir tranquilos. Vivimos con la incertidumbre de cómo evolucionará todo esto y eso nos provoca desasosiego contínuo y hace que no seamos tan felices como mereceríamos.

Desde aquí apelo al Gobierno a que recapacite un poco sobre el estado de ánimo de los españoles, que salga de esa burbuja en la que pasa el tiempo y sea un poco más condescendiente con todos los que hemos hecho que disfrute del paraíso en el que vive. Es injusto que los demás tengamos que conformarnos con vivir en el infierno y, lo que es peor, dormir en un iglú durante el invierno que se nos avecina; claro que, a diferencia de los esquimales, tengamos que hacerlo gélidos y en penumbra.

Lo mejor de todo, sería que no dispusiéramos de televisión ¡Total, para lo que hay que ver!

miércoles, 9 de junio de 2010

Jesulín es gay

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Sin duda sería el titular más impactante en la totalidad de la prensa de este país. Subyugaría a titulares como "Ensayo fallido de huelga general contra el recorte" o "La huelga de funcionarios fue escasa" o "En julio la luz subirá un 4%".
En este país de ignorantes (que lo somos), en el que sólo el morbo tiene incidencia social, parece que nos preocupa más el hecho de que un personaje famoso tenga o no tenga problemas personales y cuantos más tenga, mejor para aumentar el share de alguna cadena de televisión basura, que llena horas y horas de programación con este tipo de noticias.
Mi reflexión es que si la gente se evade con estas informaciones y eso les impide cometer algún tipo de locura, pues ¡Bravo! (Interjeción muy aplicable a un torero).
Si fuera cierto el titular, se produciría un caos informativo, incluso los más ortodoxos se harían eco de la noticia y le dedicarían un tiempo precioso, el cual sería mucho más útil para intentar paliar con debates productivos la situación económica actual.
La infidelidad del de Ubrique alcanza límites insospechados. Sus ex-amantes crecen como setas en un otoño lluvioso y cálido, sin embargo esa infidelidad garantiza su carácter de macho, muy alejado del mundo gay. Sería una pena que lo fuera y si no, que se lo pregunten a la Esteban. ¿De qué iba a vivir, entonces, esta pobre muchacha? (lo de pobre es por decir algo) Seguro que ahora que ha firmado un nuevo contrato con su cadena de televisión por la irrisoria cantidad de 120.000 € , superando incluso a Zapatero, que con eso del recorte, viene a cobrar unos 80.000 €, le importa un bledo lo que yo y la gente podamos pensar de ella y de todo lo que la rodea. ¡Olé la ignorancia y la vulgaridad, abajo la cultura!
Luchemos porque la cultura invada cada espacio que ocupamos y despreciemos la vulgaridad y la ignorancia, tan de moda últimamente. Sólo elevando el nivel cultural, podremos hacer frente a un futuro más prometedor y entraremos en el club de la intrahistoria. De otra forma ya no sólo tiraremos piedras contra nuestro tejado, sino que aportaremos muy poco al progreso de este país.

jueves, 13 de mayo de 2010

Gracias Atleti

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Somos el país del Quijote, que con tanto acierto supo describir nuestro admirado Cervantes. Lo demostramos día a día. La última vez, esta misma mañana en la que, sin sorpresa por parte de ningún español, en la mayor parte de los medios de comunicación el triunfo del Atleti en la Liga Europa tomaba preferencia a costa de la noticia de la comparecencia del Presidente de Gobierno ayer en el Congreso de los Diputados, acuciado por la presión de Obama, de la UE y del FMI (porque de lo contrario hubiera seguido metido en su cascarón de la Moncloa, sin dar cara y negando esta crisis de la que somos conscientes hasta los más ignorantes en temas económicos)
Pues bien, "no hay mal que por bien no venga", tenemos que dar las gracias al Atleti, que después de 48 años ha logrado situarse entre los grandes del fútbol europeo. ¡Aupa, Atleti! (aunque mi corazón es blanco, ayer estuve contigo y aplaudí los goles de tu héroe Forlán y del bienhacer de Kun y otros). Además de tu posición privilegiada, ayer hiciste que a los españoles no nos preocuparan demasiado los recortes económicos de nuestro Zapatitos, recortes que nos van a afectar a unos ocho millones de españoles.
Este país se ilusiona con casi todo y no se deprime con casi nada. Somos la envidia del mundo, ya que seguimos viviendo el presente, pues el futuro ¡Dios lo proveerá!
¿Para qué preocuparnos? Eso queda para otros. Nosotros somos enemigos acérrimos de la depresión, la tristeza o el estrés, por algo vivimos en el país de la pandereta, y para combatir esas lacras tenemos, por ejemplo, al Atletí con su triunfo. ¡Gracias Atleti! Ayer conseguiste algo más que un éxito para el club, conseguiste que desapareciera la preocupación por los recortes económicos anunciados por el Gobierno. ¡Viva España!

lunes, 5 de abril de 2010

Viacrucis en Año Santo a Galicia

Por Ángeles Álvarez Moralejo
¿Cómo vamos a funcionar y salir del atolladero los españoles si aquellos que podrían echarnos una mano lo único que hacen es ponernos zancadillas?


El pasado día 25 de marzo, por una necesidad apremiante tuve que dejar todos mis quehaceres cotidianos (que son muchos) para desplazarme a Vigo desde Madrid; la razón es lo que menos importa, pues eso forma parte de mi intimidad y a nadie le importa el que una persona tome decisiones inesperadas en momentos de su vida para cubrir sus necesidades personales e intentar vivir con aquello que sea lo más acorde a sus propias convicciones. El caso es que, movida por mi objetivo, decidí sacar un billete para realizar el viaje propuesto. En primer lugar entré en Internet, pues disponía de muy poco tiempo, para conseguir un pasaje en avión, pero ¡pobre de mí! lo más económico que encontré era un billete que de haberlo sacado hubiera significado un grave problema económico para mi maltrecha economía. Desestimé el autobús pues se trataba de un viaje demasiado largo y además los horarios no se ajustaban a mis espectativas. Por lo que caí en la página de Renfe. ¡Qué bien! podría ir durmiendo durante toda la noche y aunque tendría que hacer un trayecto en autobús entre Zamora y Puebla de Sanabria, debido a un talud, provocado por la lluvia, que había dejado inútil un gran trayecto de vía, era mi única solución. Nadie me avisó al comprar el billete en Renfe de semajante suceso (eso está hecho con alevosía y premeditación por parte de la compañía férrea), sin embargo mis amigos que para algo están, me llamaron para prevenirme. Efectivamente en un pequeño recuadro, que hay que buscar con lupa después de peinar toda la página, había una nota informativa del suceso. De todas formas con el billete en la mano ya no había vuelta atrás, además debía llegar a Vigo. Tuve mala suerte porque aunque era un talgo-hotel (así lo llama Renfe) no había disponibilidad de litera, ni de coche-cama, por lo que tenía que viajar sentada y en clase turista.


Cuando subí al tren a las 22:00, gracias que había tomado un café con leche y comido un sandwich (algo anormal en una persona que no cena por lo general), pero parece ser que presentí lo que iba a suceder. Bien, pues cuando subí al tren con la intención de acomodarme lo mejor posible para pernoctar durante 7 u 8 horas, comprobé que me habían dado, una vez más, el billete menos deseado, es decir, una plaza de asientos encontrados y además en sentido contrario a la marcha del tren. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? -pensé. Ya estaba acomodada cuando llegó mi compañero de asiento. Lo había observado al entrar, al no quedarse fijas las puertas de los vagones, excepto que pulses el botón rojo, le costó sobremanera poder cruzarla con su maleta y dio varios trompicones; después cuando se acercó para sentarse, me di cuenta de que iba ebrio. Pensé ¡Vaya viajecito que me espera! Sin embargo lo peor estaba por llegar. Comenzamos a oír voces en el andén: era una pareja un poco extraña y surrealista a tope, formada por un hombre muy cuitado y una obesa mujer con acento ¿colombiano? Reñían, se insultaban, gritaban... Y se sentaron, después de mucho rato de intentar colocar su equipaje, frente a mí. Eran mis compañeros de viaje, yo sólo deseaba que me tragara la tierra, no obstante intenté calmarme y me levanté del asiento, comprobé que, afortunadamente, había plazas libres al final del vagón, por lo que en cuanto el tren comenzó a andar, me cambié de asiento. Pude conciliar el sueño, pero después de no sé cuanto tiempo se apagaron las luces del vagón y pensé: "¡Qué bien!, podré dormir hasta Vigo". No fue así. Algo sucedía que no era capaz de adivinar. Noté que el tren estaba parado y en mitad de la nada, no había ni una sola luz en el exterior. Me levanté, abrí la puerta del tren, encendí un cigarrillo, hacía un frío que pelaba. Nadie se movía, ni decía nada. La megafonía estaba muda, al igual que durante el resto del viaje. Por fin llegó el revisor y nos dijo escuetamente que había habido un accidente de dos trenes de mercancías que habían chocado, con una víctima. Le pregunté que dónde estábamos y me contestó que en Arévalo. El supervisor desapareció, la gente continuó durmiendo sin hacer comentario alguno y yo contagiada del ambiente caí en los brazos de Morfeo también. Después de 3 horas me despierto y me doy cuenta de que el tren comienza a andar de nuevo. "Bueno, -pensé- llegaré con retraso, pero llegaré". ¡Ilusa de mí!, el tren avanzaba pero en sentido contrario ¿A dónde vamos? Nadie contestó. Más tarde el revisor volvió por nuestro vagón y nos dijo que íbamos a Ávila y que allí nos evacuarían en autobuses hasta León. Llegamos a Ávila a las 6:00 de la mañana del día 26 de marzo. ¿Cómo se pueden tardar tres horas en unos 90 Km? Nadie nos explicó nada. Seguía el silencio más absoluto en lo que se refiere a cualquier tipo de información relevante para los intereses de los pasajeros. Subimos en los autobuses, pero para nuestra sorpresa no íbamos a León, sino que, según informaciones de última hora, íbamos a Valladolid. No todos tuvimos la suerte de encontrar un asiento en los autobuses, mucha gente se quedó en tierra por la falta de previsión de renfe. ¿Cómo una compañía tan importante de transportes no tienen información sobre el pasaje que transporta? Al llegar a Valladolid, todo era un caos informativo, nadie sabía nada y volvieron locos a los pasajeros para que cada uno se apañara para encontrar su coche y plaza en el tren que tenían estacionado en la vía. Tuve que recorrer con mi mochila (gracias que no llevaba una maleta, como la mayor parte de la gente) el andén completo para encontrar la composición de los vagones que iban para Vigo, pues el tren llevaba tres composiciones: La Coruña - Ferrol - Vigo. No fui yo la mayor víctima, me dio mucha pena la cantidad de personas mayores que pululaban de un lado para otro cargadísimos y aturdidos sin que nadie les echara una mano ¡De pena!

El tren no salía y a pesar de las preguntas que todo el mundo hacía, nadie informaba de nada. Por fín, después de una hora y media, se llenó el vagón. En ese momento salí de dudas: habíamos tenido que esperar a las personas que se habían quedado sin bus en Ávila. Salimos de Valladolid a las 9:30 de la mañana. Fui directamente a la cafetería, creyendo que al ser un tren nuevo, ésta estaría equipada y con todo lo necesario, al menos, para desayunar; pero no había nada más que dos donuts, dos toblerones y un paquete de galletitas "Oreo". Tuve suerte porque al llegar la primera pude elegir. Más tarde compartí las galletas con otras personas que no habían sido tan afortunadas como yo. Renfe ya no sólo no había repuesto la cafetería, ni siquiera había limpiado el tren que estaba sucísimo: los baños, intransitables y las papeleras, llenas de restos del viaje anterior. La gente necesitaba desayunar algo después de una noche tan ajetreada, pero a Renfe eso no le importa demasiado.

Partimos de Valladolid, vía León, Astorga, Ponferrada, El Barco, La Rua, Monforte de Lemos, ¡qué se yo el rosario de estaciones que pasamos!. El tren debía parar cuando tenía que cruzarse con otro convoy que circulaba a su debido tiempo, pues nuestro tren iba en vías prestadas sin hora. A las 12:30 nos dieron dos madalenas y un zumo, que la gente devoró rápidamente.

Por fín a las 16:30 horas llegamos a Orense. Bajaron muchas personas y cuando el tren continúa hasta Vigo, nos dan un bocadillo de chorizo (a los más afortunados, les tocó de jamón) y una botella de agua. Claro Renfe no se podía permitir el lujo de dar un bocadillo a todo el pasaje del tren, tuvo que esperar a apear pasajeros en Orense para que le llegara el presupuesto y sólo dar comida a los que seguíamos a Vigo, el número se había reducido ostensiblemente.

A las 18:00 horas del viernes llegué a Vigo. Cansada, rota y rabiosa por haber pasado más de 20 horas dentro de un tren. Cumplí mi objetivo, pero ¡quién puede pagarme el trastorno ocasionado con tan accidentado viaje!

Pasé por la Oficina de atención al cliente y muy amablemente me dijeron que me devolverían el dinero del viaje. Muchas gracias, Renfe, por el detalle: Métetelo por donde te quepa, más vale que pienses en el daño que has causado a tantos cientos de personas.

Ante este tipo de situacíones siempre te quedas con el pataleo, sin embargo acepté dicho viajecito como el Viacrucis del Viernes de Dolores, por tierras gallegas, ¿dónde si no mejor? Estamos en Año Santo.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Sagitario

Por Ángeles Álvarez Moralejo




Aprovechando que estamos bajo la influencia de este signo zodiacal y al darme cuenta de que mi vida y circunstancias están rodeadas de personas que nacieron con este signo, he decidido escribirles algo para que, si se dan por aludidos, sepan lo que siento por ellos y pienso de ellos.
Las características del mismo es esa doble naturaleza que representa Sagitario, de mitad hombre y mitad caballo, que les hace estar permanentemente en un deseo de cambio a fin de conquistar situaciones siempre distintas que le llevan en muchas ocasiones a una independencia extravagante, incluso, a la rebelión. Siempre está contra las reglas de su medio y se comporta como un inadaptado que rompe las ataduras sociales de las que todos dependemos, es decir actúa como un pura sangre, dando coces fuertes a la gente que más cerca estamos.
Los sagitario como amigos pueden llegar a ser fantásticos, pues son partidarios de la legalidad, hasta el extremo de enfrentarse al Papa de Roma, si creen que es lo legal. Es un ser abierto, simpático, gentil, anfitrión, eufórico, recto, leal, caballeroso. En fin, a pesar de que mi horóscopo es Tauro y con Sagitario no hacen muy buenas migas, estoy encantada con mis amigos Sagitario, aunque a veces tenga ese sentimiento de impotencia de no saber cómo ayudarles, debido a lo enigmáticos que pueden llegar a ser. Todo lo abiertos que son en las reuniones sociales, pasa a ser un misterio cuando se trata de sus propios problemas; es muy difícil que abran su alma a alguien buscando ayuda, sin embargo ellos dejan su vida para ayudarte.
Cuando tienes un sagitario en la familia, la cosa cambia, pues en este caso no compartes fiestas con él, sino que sufres de sus incoherencias y extravagancias diarias. Y ese afán de independencia se convierte en una total irresponsabilidad consigo mismo y con todo lo que le rodea haciéndole daño a sus seres más queridos. No se dejan ayudar mostrando una prepotencia suprema que pone al límite hasta el más santo. Sufren, estoy segura de que es así, sin embargo no sabemos por qué lo hacen, aunque lo imaginemos. Si intentas hacerlos razonar y ver que viven una realidad diferente a la del resto de los humanos, te hacen ver que la persona que está fuera de todo eres tú, que él está en la total posesión de la verdad absoluta.
Me encantaría que pudieran compaginar su inteligencia humana con su instinto animal, estoy completamente segura de que lograríamos una persona entrañable y de la que no nos podríamos alejar.
Comunicarles, además, que los que estamos a su alrededor estamos para algo más que para discutir con ellos, que aunque les cueste, intenten asimilar y entender que tal vez a veces tenemos razón, que no se puede vivir sabiendo que los demás sufren y que si ignoran esto, hagan un esfuerzo mental para entender que nosotros también tenemos piel y que nos duelen las cosas; que se enfrenten a sus iguales y dejen en paz a los más débiles, lo sean por edad o por status social.
No pediré nunca que Dios me ponga un sagitario en mi vida, pero al menos le pido a los hados que me ayuden a vivir con los que ya tengo, y de los que no puedo prescindir. ¡Muchas felicidades a todos!