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lunes, 25 de junio de 2018

"Enterraron bajo el agua el sol de nuestras vidas"

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Cuando estaba leyendo la “ópera prima” de mi paisana y amiga de infancia Encarnación Alonso Rodrigo, no he podido dejar de lado el concepto de “intrahistoria” del que habla Unamuno en su obra En torno al casticismo que concibe la historia desde una versión minimalista de los eventos sociales, lo que nos ayuda a vincular su concepto con el estudio de la cotidianidad y de lo local; del “medio” del que habla Azorín o de la “circunstancia” de Ortega en España Invertebrada para señalar lo singular y paradójico de la condición humana en la que viven inmersos esos seres humanos que en ningún momento se les pasa por la cabeza la idea de llegar a ser héroes, pero que con su quehacer diario van configurando la historia de un país.

Ya  el título del libro nos sugiere inquietud para llegar a comprender su significado. Parte de dos premisas contrapuestas: “Enterraron bajo el agua”, “el sol de nuestras vidas”. La primera trae unas connotaciones negativas, que implican tragedia, tristeza, miseria, caos. En cambio la segunda “el sol de nuestras vidas”, nos sugiere felicidad, progreso, abundancia, sueños. Con esta inquietud emprendemos el camino de su lectura con el fuerte deseo de poder comprender el significado de su título.

La historia que se narra tiene un hilo conductor que es describir la historia de la familia de la autora, apoyándose en la información recogida directamente de sus protagonistas y que la autora recuerda de una manera detallada. Claro que cuando se trata de una historia tan peculiar es difícil de olvidar a pesar de que hayan pasado tantos años. Ahí se basa la tradición oral que tanto bien ha hecho a las diferentes culturas para poder tener conocimiento de lo que ha ido aconteciendo a lo largo de los años. No todo está escrito, sin embargo a pesar de no estar documentado, que es lo que se considera historia, no deja de formar parte de una realidad que vivieron millones de personas. Esto no puede ser considerado  leyenda ni ficción, sino que se trata de un libro costumbrista en el que se mezclan los recuerdos del día a día de una familia y las propias vivencias de la autora en su infancia. 

El hecho de que no es ficción nos lo confirman los hechos acaecidos históricamente, como la construcción del pantano de Ricobayo que sepultó bajo sus aguas varios pueblos de la provincia de Zamora, la ubicación y el nombre de lugares reales como el badén, los lavaderos, las bodegas, el molino… , la descripción de tradiciones que aun hoy existen como las fiestas locales, la matanza, las meriendas en las bodegas, los lavaderos, etc. Para ello la autora ha tenido dos fuentes de información, por un lado los relatos de sus parientes (abuela, padres…) y por otro, su experiencia de vida, sin olvidar el trabajo de documentación que también aparece patente en la obra. 

Considero que no todo es real dentro del libro. Tal vez para amortiguar lo trágico de la historia, la autora haya metido intencionadamente ciertos capítulos no exentos de humor, como son los episodios del milagro de la virgen de Fátima, la caza del gato asesino de conejos, el contratiempo escatológico sufrido por el Sr. Obispo  y las supuestas muertes de diáconos en la iglesia de Mayalde, así como el episodio de la vecina del molino.  Más bien me parece que estas anécdotas forman parte de la leyenda popular, sin dudar de su veracidad, pues mientras que la autora las da por reales sus razones tendrá, ya que siempre ha presumido de tener una vena un tanto cómica o al menos así la recuerdo de niña.
No ha obviado temas pasados y también con mucha vigencia en la actualidad como son el abandono y despoblamiento de los pueblos de Castilla, el abuso de poder por parte de las autoridades o la desigualdad de la mujer en la sociedad. Critica y reivindica esos temas tan candentes en nuestra sociedad. Hemos avanzado mucho tecnológicamente, sin embargo en esencia seguimos igual que hace cien años.

Para escribir un libro no es necesario tener muchos conocimientos sobre recursos literarios y lingüísticos, tratamiento del tiempo, creación e identificación de personajes (ausencia de nombres, solamente aparecen nombres de personajes vivos, algo que señala su sensibilidad. El anonimato intensifica el valor humano y la heroicidad de los personajes), trama, etc. Encarnación Alonso Rodrigo nos demuestra con su libro que solamente es necesario tener valentía para enfrentarse a una tarea tan ardua, y corazón y amor a los tuyos, que creo que han sido los factores que la han llevado a cumplir el deseo de realizar su obra.

Seguro que el objetivo primero de esta publicación se ha cumplido con creces, sin embargo lo más importante y por lo que debemos admirar a la autora es porque ha hecho leer a todo un pueblo, que desde la llegada de la televisión e Internet había olvidado el  placer que se siente al acariciar las páginas de un libro en papel, al identificarse con la historia y recordar aspectos que ya habían desaparecido en la memoria de la mayor parte. Además de la función pedagógica para los más jóvenes que de esta manera podrán conocer esas tradiciones que existían y que aunque parezcan de ficción fueron hechos que vivieron sus antepasados.

Has conseguido  que nuestro pueblo, Cubo del Vino, quede documentado en la historia como ejemplo de “intrahistoria” de la que hablaba Unamuno, representando a tantos miles de pueblos que comparten las mismas características. 

Con la lectura de tu libro, Encarna, he podido revivir muchos momentos de mi infancia y recordar otros que habían quedado enterrados bajo el agua. Sin embargo no es necesario padecer una sequía memorística para que emerjan a la superficie, con tu relato lo has conseguido y ahora están bajo el sol de la amistad que espero compartamos durante mucho tiempo. Gracias

jueves, 11 de septiembre de 2014

RIZAR EL RIZO

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Ha llegado el momento de renovar la marca de esa pequeña empresa en la que me muevo desde hace 24 años. Bien, me pongo manos a la obra y para gestionarlo rápidamente, llamo a la oficina de Patentes y Marcas, por supuesto que solo pude ponerme en contacto con ellos a través de un número 900, a fin de que desde el primer momento empiece a tener gastos añadidos, cuando debería ser gratuito.
Me dicen que si lo  hago a través de su página web me descuentan un 15%. Claro, con los tiempos que corren hasta les doy las gracias. Ingenua de mí pienso: “No tendré que perder una mañana entera en horario laboral para desplazarme a la oficina de Patentes y Marcas, que me queda a desmano, la verdad” “Me descuentan el 15%” “Además podré hacerlo tranquilamente desde mi ordenador” “¿Qué más puedo pedir?” A todo esto añado una reflexión: “Para que luego digan que la Admón. no funciona. ¡Es increíble cómo facilitan la gestión al contribuyente!”
Cuando mi actividad me lo permite, me pongo delante del ordenador, contenta, y entro en su web.
1.  Renovación de marca
2.  Individual
3.  Descargar formulario.
¡Fantástico! Esto va sobre ruedas. Sin embargo la alegría del pobre dura poco y justamente aquí empieza el calvario. Dicho formulario no está disponible, con un mensaje en inglés me dicen que necesito la última versión de Adobe Acrobat. Cierro todas las ventanas que tengo abiertas y actualizo el Adobe. Vuelvo al formulario y ¡nada! que no se descarga, igual que la primera vez. Lo intento cientos de veces, pero no hay posibilidad alguna de disponer del maldito formulario.
Me pongo en contacto con ellos vía e-mail, porque eso sí, facilitan una dirección de correo electrónico para cualquier contratiempo. Me contestan al día siguiente, explicándome que mi mensaje se ha reenviado a la oficina de los técnicos que pueden echarme una mano. Me comentan que tengo que entrar en la página a través de Internet Explorer, que no lo haga con Chrome. Bueno, pues vamos allá. Lo intenté con Explorer, pero sigue dándome el mismo error, el dichoso formulario no se carga.
Llegado este punto, empieza a entrarme la desesperación. Vuelvo a escribirle y me dicen que el formulario tengo que abrirlo con el Adobe. Bien, un paso más –pienso- y me tranquilizo. Tengo que decir que una de mis cualidades es la paciencia, pero no veo otra forma de enfrentarse a estos aparatos de los que dependemos.
Lo abro con el Adobe y lo relleno con todos los datos que me piden, pero no hay manera de enviarlo ¿Dónde está el enlace de “envío”?. Vuelvo a escribirles pidiéndoles que me digan cómo puedo enviar el formulario y me envían la “guía del usuario” para que la lea y me entere de una vez. Y digo yo ¿Por qué no me la enviaron en el primer mensaje?
Sigo todos los pasos, relleno mil veces el formulario, pero seguimos igual ¿Qué puedo hacer?
A todo esto, me quedan unas horas para que mi suscripción se termine. No   me pongo nerviosa sino que ya me subo por las paredes.
Los llamo de nuevo por teléfono y me lo solucionan diciendo que entre en la web y abra la “ventanilla virtual” y siga los pasos que me van indicando. Pero ¿Dónde está la ventanilla virtual? 
Por fin y ya armada de valor y necesidad por renovar la marca de mi empresa, a base de echarle tardes enteras a la gestión de la misma, pude enviar el formulario.
¡Ah! ¿Qué cómo lo conseguí? Pues tenía que guardar el formulario en mi disco duro ¿a quién se le ocurre tal memez? Después volver a entrar en la web de Marcas. Adjuntar el formulario. Esperar a que me enviaran un código vía e-mail. Seguir con el tema del pago y finalmente había que darle al botón de “Volver”, no “finalizar” ¿Cómo pueden ser tan obtusos los que se dedican a estos menesteres de la informática?
Y yo me pregunto que esto nos pasa a gente que a pesar de no ser muy duchos en esto de Internet, al menos tenemos algún conocimiento a nivel usuario. ¿Cómo podrá renovar la Marca, pongamos por ejemplo sin que nadie se ofenda, el tío Genaro que regenta una frutería de supervivencia en un pequeño pueblo perdido de Extremadura?
Señores administradores del Estado, sean más generosos con quienes contribuimos a que se lleven en crudo los supersalarios de que disfrutan mensualmente.

 Son ganas de rizar el rizo. ¡En fin, vivir para ver!

miércoles, 23 de abril de 2014

Querido Gabo

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Querido Gabo:

Hoy que se celebra el día del Libro, todos estamos un poco tristes porque nos sentimos huérfanos con tu marcha. Nos has dejado en la más completa soledad que durará más, mucho más de 100 años. Ya no tendremos a nadie que nos escriba con esas palabras que solo tú sabías manejar de manera tan sutil. Todos los que te admiramos pasaremos a ser reconocidos con el apodo de “Coronel”.

Has tenido una larga vida, vida repleta, imagino, con tu familia, tu tierra, tus amigos, tus inquietudes, tus fiestas, tus lecturas, tus escritos que tanto nos han acompañado y enseñado.

Fuiste rebelde porque fuiste real, pero tuviste la inteligencia de poder llevar tu vida encauzada a través de ese realismo mágico que reflejas en toda tu obra.

En tu marcha no has permitido que tu cuerpo se llene de mariposas amarillas, sino que has decidido montar sobre el ala de las mismas y que sean ellas, protagonistas de tu vida, las que esparzan tus restos por la tierra que tanto amaste. Colombia y México, cuna y sepultura de un genio, serán sembrados con tu energía, tu genialidad y tu espíritu para siempre.

Si en algún momento te sentiste atrapado por todo aquello que detestabas como la violencia o la injusticia, ahora ya eres libre y seguro que estarás disfrutando de esa libertad anhelada por ti y se la estarás contagiando a todo ser que comparta la existencia contigo.

Gracias, Gabo por la herencia que nos dejas. Siempre serás inmortal pues no en vano nos has regalado tanta belleza literaria, eso nunca morirá.


Tal vez desaparezcan los libros en esta época en la que la tendencia es la digitalización, pero jamás faltará ninguno de los tuyos en ningún rincón del mundo, por alejado que esté. El papel sobre el que aparece la maestría de tu literatura no puede privarnos de ser acariciado por las manos que deseen soñar con tus escritos.

jueves, 14 de marzo de 2013

El Papa Paco

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Por fin ayer tras un cónclave rápido salió elegido el nuevo Sumo Pontífice, rompiendo todas las quinielas que había en torno al nuevo Papa, fue designado el argentino Jorge Mario Bergoglio. Lo que más me ha fascinado ha sido el nombre que ha elegido: FRANCISCO, no podría ser el nombre mejor del nuevo Papa, que ha decidido apelarse de esa manera por primera vez en la historia desde que San Pedro adquiriera el nombre que le dio la piedra sobre la que edificó la Iglesia encomendada por Cristo. Hace el número 266 en la lista de Papas que han construido la historia de la Iglesia. No ha querido heredar ningún otro nombre de sus antecesores: ni Juan, ni Gregorio, ni Clemente, ni Pío, ni León, ni Benedicto, ni Alejandro, ni Inocencio, ni Pablo, ni Urbano, ni Julio, ni Calixto, ni Bonifacio, ni Nicolás, ni Pedro; ha elegido un nombre sencillo a imitación de grandes santos como Francisco de Asis o Francisco Javier.
Es un nombre que en poco difiere la fonética de su pronunciación en las diferentes lenguas, puede ser Frank, o Francis, o Francesco, o Francisco; de esta manera cuando lo llamemos habrá unidad en todas las voces, por algo se empieza.
Sin embargo en nuestra lengua, que es la suya, será el Papa Paco que es el hipocorístico  (a San Francisco de Asis se le conocía como “Pater Comunitatis” al fundar la orden de los franciscanos, de ahí Paco) con el que se conocen familiarmente a todos los Franciscos. Eso nos dará mayor proximidad a un Papa que además habla nuestra misma lengua, pues eso, será el Papa Paco y para los andaluces seguramente será el Papa Curro.
Esperemos que la sencillez de su nombre refleje también la sencillez y humildad de una persona que acaba de tomar el timón de un gran barco que es la Iglesia. Que sepa acercarse a los pobres y se enfrente con valor y decisión a todos los problemas que hay dentro de la Iglesia a fin de sanearla y hacer que los creyentes vuelvan a confiar en quienes la dirigen.
¡Mucha suerte y salud al nuevo Papa Paco! 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Los brotes verdes

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Apuntaba el alba cuando comenzaron a oírse ruidos de motores que hacía mucho tiempo, desde que el gobierno se dignó a construir la autovía de la Ruta de la Plata, habían abandonado las pocas y sinuosas calles del pueblo. Sin embargo, el día 9 de marzo de 2013 se auguraba un acontecimiento y no era precisamente la fiesta del pueblo, que como bien sabemos todos se celebran en agosto para honrar a nuestro patrón Santo Domingo de Guzmán ¡Quién sabe si este bendito santo anduvo por estos lares! Sea como sea es a quien homenajeamos.
Los furgones, furgonetas, coches, camiones y camionetas que se acercaban a la Plaza del Conde de Retamoso (nombre rimbombante para la plaza de un pueblo tan insignificante), cargados de viandas (quesos, embutidos, bacalao, aceite, frutas, hornazo, empanadas, dulces caseros, mermeladas, miel, chocolate con churros, pollos asados, etc), muebles, accesorios, ropas, animales (gallinas, pollitos, patos, gallos, conejos, etc), cerámicas, electrodomésticos, etc. ¡En fin no faltaba de nada!  Venían de múltiples lugares como Fermoselle, Vitigudino, Cuelgamures, y hasta de Portugal, ellos serían los encargados de montar los tenderetes en los que exhibirían los productos y mercancías que ponían a la venta para que los paisanos y lugareños de los alrededores se acercaran a proveerse de lo que cada uno necesitara.
Esto no sería ninguna gran noticia si no fuera porque era la primera vez que se celebraba el Mercado de Cubo del Vino, una iniciativa del actual alcalde que ha sido, por fin, bien acogida por el pueblo. Un pueblo en el que la mayor parte de sus habitantes o son jubilados o están parados se merece que aquellos que tienen potestad para ello creen actividades del tipo que sea para que al menos por un día al mes, exactamente el segundo sábado de cada mes, los paisanos se sientan contentos, salgan a la plaza, hablen con los vecinos, intercambien opiniones, se provean de lo que necesiten y tomen un aperitivo. No en vano nuestra cultura se basa en el Foro Romano.
¿El mercado supondrá una inyección económica a la situación precaria del pueblo? No lo sé, pero de lo que sí estoy segura es de que al menos insuflará un balón de oxígeno a un lugar en el que predomina la quietud, inactividad y dejadez más absolutas.
Tuve la suerte de estar allí el día de la inauguración y me encantó el colorido de la plaza y del trinquete con unos 50 puestos diferentes. Además en todos los corros que se formaban en torno a los puestos de aperitivos, las opiniones eran de satisfacción y de esperanza en que este mercado permanezca mucho tiempo y en que se extienda la voz a fin de que cada vez se vaya conociendo en un radio más amplio y se consolide como el Gran Mercado de Cubo del Vino.
Tal vez dentro de ese erial de la dura meseta castellana  estén saliendo algunos brotes verdes.

viernes, 15 de junio de 2012

Trueque y estraperlo

Por Ángeles Álvarez Moralejo



Tras oír las noticias de la mañana y comprobar que al contrario de animarnos, nos provocan más incertidumbre, se me ha plantado en la cabeza la palabra “trueque”.

Sí, seguramente, debido a mi ignorancia en términos económicos por más que me esfuerce en poder comprender todo lo que pasa con la prima de riesgo, con la caída de los bancos, con el tema del rescate, etc.;  sea  la única solución a la situación actual de España. ¿Tendremos que volver al trueque? Probablemente esto no deberíamos descartarlo y tengamos que volver a intercambiar objetos o servicios sin lo que nació, como una panacea, para solventar los problemas económicos a tanta gente que soñaba con una vida paradisíaca y que se llamó “Euro”: “Te doy unas gallinas por una zafra de aceite”, “Te doy un cordero a cambio de que me hagas unas sandalias con su piel”, “Te doy un chorizo por unas aspirinas”… ¿Qué nos darán a los profesores a cambio de nuestras lecciones? 

Por otro lado no debemos obviar otra palabra importante en este tema y que, según mi opinión, es el origen de ese futuro “trueque”. Es el “estraperlo”, término que no será futuro, sino que ya es presente.  Situación a la que nos están llevando los diferentes gobiernos que engloban esa entidad “mágica”, llamada Unión Europea. 

Al contrario del trueque, que surge de una necesidad vital a falta de recursos económicos y básicos para la vida de cualquier mortal, el estraperlo viene provocado e impuesto por la falta de gestión y compromiso social de nuestro gobierno. Claro, si los bancos caen, corro el riesgo de quedarme sin los ahorros que tanto me ha costado reunir. También es una actitud lógica  (o necesidad vital, llamémoslo como queramos) que lo saque y lo meta debajo de una baldosa de mi habitación, no pague ningún tipo de impuesto y haga lo que me dé la real gana con él, pues ya lo tengo etiquetado como “mi dinero negro”.

Los españoles primero adquirimos el apellido paterno de “Europeos” y eso nos llenó de gozo en su momento; sin embargo ahora estamos adoptando el segundo apellido: “Estraperlistas”.
¿Podremos salir algún día de la situación en que nos han metido si inscribimos en nuestro Libro de Familia el apellido materno?

A pesar de ser dos palabras que más bien pertenecían ya al cementerio de las palabras olvidadas, lamentablemente tienen más actualidad que nunca: La historia siempre se repite.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Viaje a Japón

Por Ángeles Álvarez Moralejo
 Queridos amigos japoneses:

De vuelta a mi cruda realidad no quiero que pase ni un momento más para enviaros este mensaje de agradecimiento a todos los amigos de Hispania Estudio-2 que estáis al otro lado del mundo geográficamente, pero muy cerca de nosotras humanamente. Me lo habéis demostrado, una vez más, con vuestra cálida acogida allí en vuestro país.
"Tras la tempestad viene la calma" dice un proverbio en este país, sin embargo todavía no he puesto los pies en  el suelo. Estuve volando durante los 12 días que conviví con vosotros y todavía lo sigo haciendo. Creo que poco a poco volveré a mi santo ser. De todas formas he recibido el mejor de los regalos de mi vida con esta visita a Japón. Me lo habéis hecho tan fácil, tan bonito, tan gratificante... que difícilmente saldré de esta especie de sueño en el que he estado metida.
Habían pasado ya 14 años desde que fui por primera vez a Japón, sin embargo en esta ocasión mi experiencia ha sido totalmente diferente, pues he realizado un curso de inmersión total dentro de ese mundo tan diferente al nuestro, pero que me atrae poderosamente por todo lo que tiene de positivo. Tenéis un país fantástico, debéis estar orgullosos de ello. Me ha fascinado el respeto, la cortesía, la amabilidad, el orden, la puntualidad, la seriedad y el silencio de una sociedad claramente a imitar.
Esa ciudad metálica que es Tokyo, condensa en sí misma el espíritu de lucha, trabajo y esfuerzo de los japoneses. ¿Cómo es posible que sigan apuntando al cielo esos enormes rascacielos tras ser zarandeados continuamente con movimientos sísmicos? ¿Un milagro? No, son el resultado de una fuerte lucha frente a una naturaleza sin piedad que os amenaza frecuentemente. Pienso que es un ejemplo de cómo el hombre puede hacer frente a lo que parece invencible.
Cuando fui por primera vez, contemplando la ciudad desde la Torre de Tokyo me pareció un lugar totalmente inaccesible, yo dije que "era un puzzle descolocado"; por eso en este viaje tenía un reto personal: moverme yo sola por ese aparente caos. Realmente fue una aventura bajar al subsuelo, coger el metro y mezclarme con esa vorágine de personas, carreras, horas punta, confusiones (por mi parte que no por la de ellos) ¡Fantástico! Lo conseguí, pero debo reconocer que no fue nada fácil, no obstante en mi caso tenía siempre al otro lado de mi móvil una voz amiga que me servía de guía; de otra manera habría sido casi imposible.
A pesar de ese color metálico que tiene la ciudad en la superficie, cuando te pierdes por sus calles el colorido es inmenso: anuncios por todas partes, luces de neón multicolores por las noches, edificios que que más bien pertenecen a otras galaxias o que han salido de los "manga". Es como vivir dentro de una película de ciencia-ficción.
Me parece increíble que podáis adaptaros a nuestra vida cuando venís a España, perteneciendo a mundos tan dispares; sin embargo siempre he tenido y mantengo la opinión de que entre los dos países debe de existir un lazo común ¿Cuál? No sé, pero sería cuestión de investigarlo. Yo también me he sentido allí como pez en el agua.
Muchas gracias a todos y no olvidéis que en España tenéis a dos amigas que os admiran y respetan.


jueves, 1 de septiembre de 2011

Una carta, por favor

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Desde que Bill Gates nos regalara este juguete loco que nos sirve para absolutamente todo , como es el mundo de Internet, hemos desechado cantidad de cosas tradicionales que eran de suma importancia para la comunicación humana y social y que actualmente han pasado, lamentablemente, a mejor vida. Me estoy refiriendo, entre otras muchas, a la literatura epistolar. ¿Quién escribe hoy en día una carta, ya sea de pésame, de agradecimiento, de invitación, de reproche, de desamor o de amor?


Bien es cierto que tanto el correo electrónico como los SMS o las redes sociales nos facilitan un contacto más diario y directo con la gente que forma parte, de alguna manera, de nuestro entorno social: compañeros, clientes, familiares, amigos, parejas, colegas, etc; sin embargo ¡qué diferentes son los textos que usamos en estos medios a los que expresábamos en una carta!


Si asaltáramos al cartero en plena calle cuando se dispone a hacer el reparto de la correspondencia, nos sorprenderíamos al fisgar en su carrito y ver que (me atrevería a decir) todas las cartas son del banco, de la compañía eléctrica, de Telefónica, del seguro, del Ministerio de Hacienda, de la Dirección General de Tráfico, de la Seguridad Social, o de la Agencia Tributaria (entre otras). Es decir, en lugar de darnos satisfacción y alegría, lo que hacen es ponernos en el disparador; no las esperamos con impaciencia, sino que nos sorprenden con desilusión. Aquí está la diferencia. Y nos preguntamos ¿Qué he hecho yo para merecer esto?


Recuerdo en este momento a Pedro Salinas en su libro recopilación “Cartas a Katherie Whitmore”. Esa larga espera por recibir la carta de su amada, espera que duraba incluso meses debido a que la distancia era tan larga que había que esperar a que el barco-cartero cruzara el Atlántico. Durante todo el tiempo el poeta, al contrario de desesperarse se unía en una especie de simbiosis mucho más a su amada, sin conseguir en ningún momento olvidarla y la unión, si cabe, se intensificaba; mientras que los sentimientos explotaban cuando caía en sus manos por fin la añorada y esperada carta.


No es lo mismo hacer un clic con el ratón y abrir el correo que coger la carta en el buzón, ver su remite, acariciarla, olerla, abrirla cuidadosamente a fin de no romperla, sacar la cuartilla, desdoblarla y leerla. ¿Cuántas veces se puede leer y releer una carta? Pedro Salinas nos expresa la sensación y los sentimientos que él tenía:


Sólo el peso de tu carta en el bolsillo me servía de prenda, de prueba. Vivía yo en ese rectángulo de papel. Era el lugar más cierto del mundo. Y antes de poder abrirla, así, cerrada y en el bolsillo, tu carta era el puente con la vida, el sí que me daba la vida a la pregunta atormentada: «¿Soy? ¿Es? ¿Somos?». Sí, sí, sí. Todo, sí. Todo, sí, oye, todo sí. Y luego en mi cuarto la leí. La he leído. La leeré. ¡Cuántas delicias!


Primero la delicia de ir aprendiendo tu escritura, tu letra, de tropezar en una palabra y descifrarla, por fin. ¡Tu escritura, un modo más de ti, una manera más de vivir tú! Primera carta tuya, en inglés. Júbilo, júbilo, alegría. ¡Sensación festival, inaugural, de promesa, de fiesta!


Siempre la conservarás en un lugar privilegiado, oculto, pero a mano, para disfrutar de ella siempre y cuando quieras. Pasan los años y ahí permanece con el mismo sentido del primer día, añeja pues su color blanco ha ido cogiendo solera y lo indica con ese color amarillento que todavía le da más empaque.


¿Por qué no fomentamos de nuevo la costumbre de comunicarnos con los nuestros a través de las cartas? Aun, a veces, siendo comprometedoras y testimonios directos de ciertos acontecimientos, deberíamos escribirlas; así podríamos dejar una herencia a nuestras generaciones venideras, que gozarán de toda la información del mundo, pero carecerán de lo que engendra la esencia misma del ser humano: los sentimientos y la humanidad que subyace en todos nosotros. Si nuestros antepasados no las hubieran escrito nos habrían privado de parte de nuestros orígenes.

lunes, 1 de agosto de 2011

Un ejemplo a imitar: Superávit municipal

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Érase una vez una pequeña aldea, tan pequeña es que sólo tiene tres calles: la Mayor, la del Medio y la Alta, intercomunicadas por una vía secundaría, la calle del Horno. Tan austero es que, incluso, sus calles se identifican bien por la ubicación o bien por el establecimiento donde históricamente se elaboraba el sustento básico para su humilde población: el pan.


Aunque el censo de población establece que tiene 79 habitantes, la realidad es otra, pues supongo que no llegará a la veintena durante esos crudos inviernos en los que el hielo, la nieve y las bajas temperaturas congelan hasta las fuentes que los abastecen de agua. Todo cambia cuando el sol veraniego asoma por entre los tesos e ilumina y calienta su seca tierra. Es entonces cuando todos los que tienen alguna raíz en ese lugar escapan en tropel hacia él y lo llenan de bullicio, risas y fiesta (que para eso están de vacaciones), se van abandonando los excesivos calores de la cercana ciudad de Zaragoza en la que la mayor parte pasa todo el año.


Desde hace 11 años visito con frecuencia dicho pueblo y lo que más me sorprende es que no se trata de un grupo de vecinos que conviven simplemente por la proximidad de su pequeña piña de casas, sino que son una gran familia (al margen de la consanguinidad) que comparte todas las horas del día; bien sea en la calle, en la iglesia o en el bar municipal (pues pocas cosas más se pueden hacer). Además, ellos abren sus puertas a todo el mundo, ya sean paisanos o foráneos; y dado que viven en plena y constante comunidad siempre tienen algo que celebrar: un santo, un cumpleaños, un examen, un aniversario o, simplemente matar el tiempo jugando una partida de guiñote o degustando un café o un chocolate con la buena repostería de la anfitriona de la casa.


Pues bien, este pueblo es noticia para mí, ya que se trata de un ejemplo de lo que debería ser este país, donde la crisis, la corrupción y el desamparo de las instituciones nos tocan a todos en mayor o menor medida. Retascón, que así se llama, goza de superávit en las arcas municipales ¿Milagro? Tal vez. Sin embargo deberían algunos preguntarle a su alcalde cómo lo hace. Un ayuntamiento que no pertenece a ninguno de los grandes partidos políticos que son los que tienen potestad para manejar el cotarro, sino que pertenece a un partido regionalista, para el que, supuestamente, deberían estar limitadas las subvenciones y ayudas estatales, ha conseguido sanear y aumentar sus arcas considerablemente, a modo de ejemplo único, a base únicamente de esfuerzo, dedicación y colaboración de todos. Continuamente está realizando obras nuevas en beneficio de la comunidad: pavimentación, alcantarillado, restauración de su patrimonio histórico, jardines, gimnasio, viviendas municipales; incluso ahora está pensando en instalar una piscina que les alivie de las altas temperaturas estivales, además del cierre de su frontón o pabellón para poder disponer de una amplia instalación cubierta que permita a todos los vecinos y forasteros festejar cualquier celebración.


¿Cómo lo hace Armando (así se llama el alcalde)? Pues sencillamente gestionando con sensatez y honradez; dos conceptos que parecen estar borrados del código deontológico de la mayoría de los políticos. Si el resto de gobernantes actuaran como él, no necesitaríamos mucho más para hacer que este país comenzara a caminar con paso firme.


¡Señores gobernantes, pidan audiencia al Sr. Alcalde de Retascón para que les indique el camino a seguir de cómo se gestiona un ayuntamiento con éxito!



Nota: Si no encuentran este pueblo en el mapa, por favor, pregúntenmelo, estaré encantada de informarles.

martes, 5 de julio de 2011

Orgullo y resignación

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Si en el globo terráqueo existimos seres de todos los tipos, condiciones, ideologías, características y familias ¿A santo de qué solo se reconoce a algunos? ¿Qué pasa, que solo unos pocos tienen derecho a reivindicarse cuando lo tienen todo ya reivindicado? Si los gays llevan ya algunos años desfilando durante uno de los fines de semana al entrar el solsticio de verano, a pesar de que últimamente lo hagan exclusivamente con el afán de exhibir esos cuerpos que la naturaleza les ha regalado y que ellos han cincelado a modo de un modelo de Miguel Ángel, con mayor motivo podrían hacerlo todos aquellos que realmente necesitan que se les escuche y se les ayude a solucionar sus problemas. Pongamos por caso a las mujeres maltratadas, a los niños abandonados, a los discapacitados, a las prostitutas, a los sintecho y también a todos los heterosexuales entre los que podríamos englobar a altos, bajos, gordos, delgados, calvos, con pelo, tuertos, cojos, mancos, con gafas, rubios, morenos, sintéticos (este adjetivo solo mis amigos lo comprenderán), hipotecados, arruinados, indignados, parados, padres, madres, tíos, primos, vecinos, parientes, etc. Si hay igualdad debería haber los mismos derechos para todos, y no a manifestarse solamente sino también, como es el caso del Orgullo Gay, a desfilar para que todos nos admiraran y no sirviéramos de compasión. Que el Ayuntamiento nos prestara las calles más céntricas de la ciudad y fuéramos todos protegidos por una sarta innumerable de policías y de coches del Samur y de limpieza. En fin para que en este país cada día (ya quedan pocos sin asignarles un santo) fuera una gran fiesta, que para eso estamos viviendo en el “país de la farándula y la pandereta”. Seríamos envidiados por el resto del planeta y en lugar de vivir en un infierno, viviríamos en un verdadero paraíso.





Sin embargo, esto no deja de ser una utopía más y a diferencia de sentirnos orgullosos, todos estamos resignados a esta realidad que nos ha tocado vivir, a pesar de que con fiestas como con las del orgullo gay, podamos fantasear con un mundo mejor; pues no en vano ellos a base de tesón y reivindicaciones han conseguido que se les reconozcan sus derechos y que vivan dignamente su vida dentro de una sociedad aparentemente liberal, pero realmente troglodita.

martes, 14 de diciembre de 2010

11 de julio, fiesta Nacional

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Cuando está terminando el año de la "Edad de Oro" del deporte español, a pesar de todos los comentarios y dudas que hay sobre nuestros atletas y aprovechando que vivimos en un país cada vez más anticlerical y aconfesional, no supondría ningún cisma declarar el día 11 de julio como fiesta nacional. ¿Por qué seguir imponiendo nuestras fiestas religiosas? No tiene mucho sentido, lo que la gente defiende ahora, a ultranza, son ciertos acontecimientos que aúnan a la mayoría de la gente bajo un único lema. En el caso del pasado 11 de julio (poco más de San Fermín), el lema fue: "Yo soy español". Pienso que esta es la nueva religión, pues es en lo que cree todo el mundo y lo que hace que la gente viva más feliz y olvide sus problemas cotidianos, que no son exclusivos, sino que todos somos víctimas de los mismos. El fútbol es una filosofía de vida que agrupa a todo tipo de personas, de diferentes edades, países, religiones, lenguas, profesiones, culturas... Pues bien, admitamos estos eventos como algo tan importante como para dedicarles un día. El santoral ya está demasiado lleno.
Yo propongo a aquellos que tengan la fuerza suficiente para poder hacer algo al respecto, que impongan el 11 de julio como el día del "Orgullo nacional". ¿Cómo podría celebrarse? Pues como cualquier fiesta: con conciertos de música, en los que se cantaran todas aquellas canciones que de alguna manera evocaran a nuestro país; con concursos literarios (aquí se me va la pinza, por defecto) para ver si de una vez por todas algún avezado poeta o cantautor es capaz de escribir la letra más digna para nuestro himno nacional y evitar que nuestros deportistas parezcan muñecos de guiñol cuando lo escuchan; con exposiciones de fotografías, bufandas, camisetas, vuvucelas, gorros y otros enseres decorativos y todos aquellos objetos que recuerden al feliz día en que "La Roja" ganó la copa del mundo; con manifestaciones en la calle que volvieran a reproducir esa marea roja que cautivó a medio mundo ( o a todo el Planeta); engalanando nuestras casas, parques, balcones y plazas con nuestra bandera e indultando de todas las cartas de los restaurantes (sólo por un día, más sería inaceptable) los platos que contengan ese cepalópodo que auguró nuestro triunfo.
Que ese día quedara para siempre como el día en que 23 santos varones nos dieron la mayor felicidad, que alguien puede alcanzar en su vida, a más de 44 millones de españoles. Ellos pasarían a formar parte del santoral. Tal vez, incluso el Vaticano estuviera de acuerdo y colocara el tema sobre el tapete de la mesa papal, a pesar de que la unión hace la fuerza, no creo que sea posible; sin embargo, por falta de ganas, que no quede.